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Fiebre olímpica en la Sierra Maestra
Al compás de los Juegos Olímpicos de Beijing, una fiebre deportiva
anima a los cubanos que viven en la oriental Sierra Maestra, la más
alta y famosa de las cadenas montañosas de la Isla.
Fonte
AIN
Data
Al compás de los Juegos Olímpicos de Beijing, una fiebre deportiva anima a los cubanos que viven en la oriental Sierra Maestra, la más alta y famosa de las cadenas montañosas de la Isla.
Gritos, saltos, aplausos, risotadas, molestias y lágrimas, se suceden hasta en los más intrincados parajes, donde la primera revolución socialista del hemisferio occidental hizo habituales el fluido eléctrico, los radios y los televisores, junto los conocimientos y el amor por los deportes.
Casi no dormimos y nos erizamos cuando vimos correr a Dayron Robles cuenta el joven Fermirelis Reyes, custodio de una escuela primaria en la comunidad serrana de El Raudal, en el municipio de Guisa, provincia de Granma.
Considera la presencia en Beijing de Yeimar López, natural del aledaño municipio de Buey Arriba, muestra de que la práctica deportiva es realidad en todos los rincones del país; como debe ser en todo el mundo , recalcó.
Reyes apoya a su suegra, la cooperativista jubilada Celia Montero, quien está segura del triunfo del béisbol cubano.
Dice Annier Tamayo, de siete años, que desde el inicio de las Olimpiadas dejó de pasear para estar al tanto de casi todos los eventos, frente a un televisor en colores.
Tamayo vive en La Cuevas del Turquino, provincia de Santiago de Cuba, pero pasa las vacaciones en la casa de una abuela, en Minas del Frío, a 940 metros sobre el nivel del mar, en el municipio de Bartolomé Masó, Granma.
Para Rosa María Benítez, directora del Museo de Luchas Campesinas, en la comunidad de El Plátano, municipio de Pilón, los Juegos Olímpicos constituyen una fiesta; pero traen la familia corriendo, pues cambiaron el ritmo de la vida.
Es frecuente, dice, acostarse tarde, madrugar y detener acciones habituales en el hogar, incluida la alimentación de los animales, para observar el desenlace de un evento.
Agrega que ha llorado, al ver las emocionadas reacciones de familiares de medallistas cubanos.
Mientras, Zoilo Estrada, de 79 años de edad, se declara aficionado a todos los deportes y contento con la actuación de sus coterráneos; pero lamenta no poder disfrutar plenamente del radio y el televisor, pues una reciente cirugía cardiovascular aconseja evitar emociones fuertes.
Zoilo vive en el poblado de Sao Grande, Bartolomé Masó, y no olvida que escuchó radio, por primera vez, cuando tenía 13 años de edad.
Gritos, saltos, aplausos, risotadas, molestias y lágrimas, se suceden hasta en los más intrincados parajes, donde la primera revolución socialista del hemisferio occidental hizo habituales el fluido eléctrico, los radios y los televisores, junto los conocimientos y el amor por los deportes.
Casi no dormimos y nos erizamos cuando vimos correr a Dayron Robles cuenta el joven Fermirelis Reyes, custodio de una escuela primaria en la comunidad serrana de El Raudal, en el municipio de Guisa, provincia de Granma.
Considera la presencia en Beijing de Yeimar López, natural del aledaño municipio de Buey Arriba, muestra de que la práctica deportiva es realidad en todos los rincones del país; como debe ser en todo el mundo , recalcó.
Reyes apoya a su suegra, la cooperativista jubilada Celia Montero, quien está segura del triunfo del béisbol cubano.
Dice Annier Tamayo, de siete años, que desde el inicio de las Olimpiadas dejó de pasear para estar al tanto de casi todos los eventos, frente a un televisor en colores.
Tamayo vive en La Cuevas del Turquino, provincia de Santiago de Cuba, pero pasa las vacaciones en la casa de una abuela, en Minas del Frío, a 940 metros sobre el nivel del mar, en el municipio de Bartolomé Masó, Granma.
Para Rosa María Benítez, directora del Museo de Luchas Campesinas, en la comunidad de El Plátano, municipio de Pilón, los Juegos Olímpicos constituyen una fiesta; pero traen la familia corriendo, pues cambiaron el ritmo de la vida.
Es frecuente, dice, acostarse tarde, madrugar y detener acciones habituales en el hogar, incluida la alimentación de los animales, para observar el desenlace de un evento.
Agrega que ha llorado, al ver las emocionadas reacciones de familiares de medallistas cubanos.
Mientras, Zoilo Estrada, de 79 años de edad, se declara aficionado a todos los deportes y contento con la actuación de sus coterráneos; pero lamenta no poder disfrutar plenamente del radio y el televisor, pues una reciente cirugía cardiovascular aconseja evitar emociones fuertes.
Zoilo vive en el poblado de Sao Grande, Bartolomé Masó, y no olvida que escuchó radio, por primera vez, cuando tenía 13 años de edad.