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Fidel: “Martí es la idea del bien que él describió”

Los niños ponen flores todos los días en el busto de José Martí, en su escuela en la Sierra Maestra. Foto: Armando Contreras Tamayo.
Los niños ponen flores todos los días en el busto de José Martí, en su escuela en la Sierra Maestra. Foto: Armando Contreras Tamayo.

Fecha: 

28/01/2022

Fuente: 

Cubadebate

Autor: 

Por estos días de enero, un pensamiento muy feliz siempre provoca mi memoria: la imagen de una niña cortando flores en el jardín de su casa o pidiéndole rosas blancas a alguna vecina para hacer un ramito. “Es que hoy me toca ponerle flores a Martí”.
 
Allá en la escuela primaria “Ignacio Agramonte” de la localidad montañosa de San Andrés, en el municipio La Palma, en Pinar del Río, fue donde primero me enseñaron a honrar de muchas maneras al Apóstol; como aquel ritual de los niños para el Maestro.
 
    A cada uno le tocaba un día embellecer el busto martiano. Creo lo hacíamos gustosamente, porque aunque éramos pequeños y desconocíamos muchas de las virtudes de José Martí, hasta ese momento todo lo que escuchábamos sobre él nos enamoraba. Que había escrito un libro para nosotros: La Edad de Oro. Que había dicho que los niños eran la esperanza del mundo, los que sabían querer. El autor del cuento de un niño bribón que cazaba mariposas, de otro que era muy pequeñín, pero que "comía" mucho, mucho, mucho...
 
Y eso ya era suficiente para quererlo. No sé el misterio o el ángel que nos inspiraba, pero aquel busto martiano siempre lucía flores, desde las más finas, hasta las más silvestres. "Príncipes negros", orquídeas, rosas, cajigal, marpacíficos, romerillo, “siemprevivas”, “florecitas de las diez”, hasta unas que no recuerdo su nombre, pero sí su fuerte olor a ajo y que las niñas nos las poníamos como uñas postizas.
 
Un gesto hermoso de Los Pinos Nuevos para quien tanto había hecho por nuestra patria. Un homenaje infantil que se convertía en tradición y en cualquier paraje de aquellos campos, te encontrabas a un pionero en un jardín, minutos antes de ir hacia la escuela, o a sus padres, conformándole la ofrenda con la que honrarían al Héroe Nacional.
 
Nadie quería dejar a Martí solo en la piedra. Todos lo preferíamos acompañado de colores, fragancias, abejas y mariposas. Seguramente por ese motivo nunca le faltaron. Incluso sucedía, que aunque no nos tocara ponerle flores, varios niños coincidíamos con el mismo presente para él.
 
Hasta hubo quienes dejaron escapar sollozos por haber olvidado las flores para Martí y allá iba la maestra a consolarlos: "Lo más importante es ser un niño como soñó el Apóstol, un niño bueno, inteligente y aseado. Y que no se te vuelva a olvidar" . Entonces el pequeño o la pequeña se proponía enmendar su error y en la próxima ocasión buscaba las rosas más hermosas para obsequiar al Maestro.
 
Durante años presencié este homenaje de los niños de la "Ignacio Agramonte" al Maestro. Hoy día cuando visito el terruño natal, y paso frente a mi escuela primaria, luego del saludo a los maestros y conocidos, la mirada siempre descansa en el busto martiano. Al parecer los niños siguen teniendo un día para ponerle flores al Apóstol, y no le fallan.
Pionera deposita una flor antes el busto de Jose Martí que se encuentra ubicado en la entrada de su escuela. Foto: Jorge Luis Sánchez Rivera/ Revista Bohemia.
 

Pionera deposita una flor antes el busto de Jose Martí que se
encuentra ubicado en la entrada de su escuela.
Foto: Jorge Luis Sánchez Rivera/ Revista Bohemia.

En estos días de enero, a la visita de ese pensamiento feliz a mi memoria, se suma una interrogante: ¿qué significa Martí para los cubanos? Y es en Fidel, un martiano inmenso que encuentro el razonamiento más acertado.
 
    De él recibimos igualmente su inspirador patriotismo y un concepto tan alto del honor y de la dignidad humana como nadie en el mundo podría habernos enseñado.
 
    Fue un hombre verdaderamente extraordinario y excepcional. Hijo de militar, nacido en un hogar de padre y madre españoles, deriva en profeta y forjador de la independencia de la tierra que lo vio nacer; intelectual y poeta, siendo un adolescente al iniciarse la primera gran contienda, fue capaz más tarde de conquistar el corazón, el respeto, la adhesión y el acatamiento de viejos y experimentados jefes militares que se llenaron de gloria en aquella guerra.
 
    Amante fervoroso de la paz, la unión y armonía entre los hombres, no vaciló en organizar e iniciar la guerra justa y necesaria contra el coloniaje, la esclavitud y la injusticia. Su sangre fue la primera en derramarse y su vida la primera en ofrendarse como símbolo imborrable de altruismo y desprendimiento personal.
 
    Olvidado y aun desconocido durante muchos años por gran parte del pueblo por cuya independencia luchó, de sus cenizas, como Ave Fénix, emanaron sus inmortales ideas para que casi medio siglo después de su muerte un pueblo entero se enfrascara en colosal lucha, que significó el enfrentamiento al adversario más poderoso que un país grande o pequeño hubiese conocido jamás.
 
    Más allá de Cuba, ¿qué recibió de él el mundo? Un ejemplo excepcional de creador y humanista digno de recordarse a lo largo de los siglos.
 
    ¿Por quiénes y por qué? Por los mismos que hoy luchan y los que mañana lucharán por los mismos sueños y esperanzas de salvar al mundo, y porque quiso el azar que hoy la humanidad perciba sobre ella y tome conciencia de los riesgos que él previó y advirtió con su visión profunda y su genial talento.
 
    El día en que cayó, el 19 de mayo de 1895, Martí se inmolaba por el derecho a la vida de todos los habitantes del planeta.
 
    En la ya famosa carta inconclusa a su amigo entrañable Manuel Mercado, que Martí interrumpe para marchar sin que nadie pudiera impedirlo a un inesperado combate, reveló para la historia su más íntimo pensamiento: Ya estoy todos los días en peligro de dar mi vida por mi país y por mi deber, [...] de impedir a tiempo con la independencia de Cuba que se extiendan por las Antillas los Estados Unidos y caigan, con esa fuerza más, sobre nuestras tierras de América. Cuanto hice hasta hoy, y haré, es para eso.
 
    Semanas antes, al suscribir en Santo Domingo el Manifiesto de Montecristi junto al ejemplar patriota latinoamericano Máximo Gómez, de origen dominicano y escogido por Martí como jefe militar de las fuerzas cubanas, próximo a partir hacia Cuba, entre otras muchas y brillantes ideas revolucionarias, Martí escribió algo tan admirable: La guerra de independencia de Cuba [...] es suceso de gran alcance humano, y servicio oportuno que el heroísmo juicioso de las Antillas presta a la firmeza y trato justo de las naciones americanas, y al equilibrio aún vacilante del mundo.
 
    Si en algo hemos sabido honrar al héroe, cuyo fecundo natalicio conmemoramos hoy, es haber demostrado que un país pequeño y pobre, aun cometiendo muchos inevitables errores de aprendizaje, puede hacer mucho con muy poco.
 
    El mayor monumento de los cubanos a su memoria es haber sabido construir y defender esta trinchera, para que nadie pudiera caer con una fuerza más sobre los pueblos de América y del mundo.
 
    De él aprendimos el infinito valor y la fuerza de las ideas.
 
    En un documento denominado El Presidio Político en Cuba, Martí cuando apenas tenía 18 años, después de sufrir cruel prisión a los 16 con grilletes de hierro atados a sus pies, afirmó: "Dios existe, sin embargo, en la idea del bien, que vela el nacimiento de cada ser, y deja en el alma que se encarna en él una lágrima pura. El bien es Dios. La lágrima es la fuente de sentimiento eterno."
 
    Para nosotros los cubanos, Martí es la idea del bien que él describió.
 
Hoy comprendo mejor por qué nunca le han faltado flores y honra a Nuestro Apóstol Nacional. “Martí no es una abstracción; es un sentimiento, un lugar de refugio que no es cualquier sitio”.