¡57 años!, qué fácil se dice y con cuánta economía de palabras se resume todo ese tiempo de mucho trabajo y esfuerzos, de éxitos y también de errores. Y es que 57 años no es solo tiempo, representan la vida de una Revolución –joven aún-, que en enero de 1959 impactó en el desarrollo de los acontecimientos de América Latina, el Caribe y el mundo.  
Entre las reacciones inmediatas del golpe de Estado del 10 de marzo de 1952, estuvo el hecho de que la juventud pidiera armas al gobierno de Carlos Prio Socarrás para enfrentar la violenta opresión del general Fulgencio Batista y Zaldívar, conocido ladrón y asesino y quien ya había desgobernado la nación de 1934 al 44.  
Como mismo ocurriera aquel 4 de enero de 1959, el pueblo dio la bienvenida en los territorios de Las Tunas y Camagüey, a quienes reeditan la Caravana de la Libertad.   Convertida en una tradición popular que se enriquece con el paso del tiempo, en ambas provincias se unieron las diferentes generaciones de cubanos para recordar la hazaña de los barbudos y constatar todo lo construido en estos 57 años de Revolución.  
En los días finales de 1960 y primeros de 1961 —mientras el pueblo cubano se preparaba con entusiasmo para dar inicio a la Campaña de Alfabetización que erradicaría el analfabetismo y abriría a los cubanos una vida de grandes cambios y esperanzas—, el presidente saliente de Estados Unidos, Dwight D. Eisenhower, aceleraba sus planes de invasión directa a Cuba para ponerlos en práctica antes del 18 de enero de 1961, fecha en la que el John F. Kennedy, asumiría la presidencia. De ese modo Kennedy tendría que iniciar su mandato enfrentando los hechos consumados.
Hubo frío anoche en Cienfuegos, como según cuentan los participantes también se registró aquel 6 de enero de 1959 cuando Fidel se dirigió a la multitud de esta ciudad, sobre la cama de una rastra convertida en tribuna, junto al edificio del Ayuntamiento, hoy sede del Gobierno Pro­vincial.   A la altura del pueblo de La Esperanza, el Comandante en Jefe había ordenado desviar la ruta, para hacer un alto en la Perla del Sur, intercambiar con los combatientes y rendir homenaje a los mártires del 5 de septiembre de 1957.  
Sin restar importancia a las dos guerras llamadas mundiales, ni a la liberación de naciones como China y Vietnam —esta, además, con la ejemplar victoria sobre la invasión estadounidense en su haber—, del siglo XX cabe destacar cuatro procesos revolucionarios diversos: en orden cronológico, la Revolución Mexicana, la Revolución de Octubre, la Segunda República Española y la Revolución Cubana. Tres de ellos se ubican en ámbitos de la lengua española, hecho contrastante con el escaso prestigio que suele concederse a las ciencias sociales expresadas en ese idioma.  
Tal es  es el caso del comandante Fidel Castro. Desde sus albores, la Revolución Cuba estuvo ligada a la poesía. ¿Qué fue el asalto al Moncada sino un episodio épico digno de la mitología? El dramatismo de la trágica escena de Abel  Santamaría, avizorando, sin ojos, el porvenir, víctima de Caín y de sus horrendos crímenes? En La Historia me absolverá de Fidel, ¿No hay, acaso, líneas de conmovedora poesía?     
Y el 14 de enero de 1962 en el estadio Latinoamericano, ante más de 20 mil aficionados, comenzó el clásico cubano que 54 años después -con muchas satisfacciones y deudas- sigue generando pasiones entre los cubanos.   Allí estuvo Fidel, inaugurando el torneo nacional amateur que nacía y que reunía a glorias que apostaron por él. Allí Eddy Martin, el entrañable maestro de narradores y periodistas cubanos, testigo excepcional del momento.  
“Ha sido esta una gran victoria del movimiento revolucionario. Nunca había tenido lu­gar una reunión de tal amplitud y de tal magnitud, en que las representaciones revolucionarias de 82 pueblos se reunieran para discutir problemas de interés común”, expresó el Co­mandante en Jefe Fidel Castro Ruz durante el acto de clausura de la Primera Conferencia de Solidaridad de los pueblos de Asia, África y Amé­rica Latina (Tricontinental), celebrada en La Habana del 3 al 15 de enero de 1966.