Este 15 de marzo se conmemora el aniversario 138 de la histórica Protesta de Baraguá, que tuvo en el Mayor General del Ejército Li­bertador Antonio Maceo Grajales, al principal paladín de la huestes cubanas allí presentes.
Una heterogénea multitud acompañó al creador de la plástica Rogelio Fundora, conocido como el Guajiro que Pinta, en la apertura de su exposición por el aniversario 90 de nuestro líder histórico en el capitalino Palacio de los Torcedores, Museo de los Trabajadores cubanos, donde bajo el título de Fidel, vida en Revolución, presenta 30 retratos sobre diferentes momentos de la trayectoria del Héroe del Moncada, del Granma y de la Sierra, nacido en Birán el 13 de agosto de 1926.    
Fue un homenaje a la fraternidad hacia todos los pueblos la cena inédita de fin de año que se celebró en el entonces Hotel Habana Hilton (hoy Habana Libre) el 31 de diciembre de 1959 y madrugada del 1 de Enero de 1960.  
Abocado el país a una inminente agresión mi­litar por fuerzas que se entrenaban en el exterior, en marzo de 1961 los sabotajes y agresiones del gobierno de Estados Unidos contra Cuba se in­cre­mentaron y las provocaciones aé­reas se multiplicaron. Por lo general, cada día, dos o tres aviones a chorro, procedentes de la ilegal Ba­se Na­val en Guantánamo, sobrevolaban nuestro territorio a una altura de 500 pies y en un rumbo de este a oeste.
El hombre que cumplirá 90 años, siendo jo­ven; así definió la periodista Katiuska Blanco a Fidel, a propósito del taller dedicado al protagonismo del líder de la Revolución en las políticas de juventud en Cuba, realizado este viernes en el marco del Congreso de Inves­tiga­dores sobre Juventud en el Palacio de Con­ven­ciones de La Habana.  
Cuando se reunieron el 16 de agosto de 1925 para fundar el primer Partido Comunista (PC) de nuestro país y afiliarlo a la Tercera Internacional de Lenin, aquellos revolucionarios en su gran mayoría no eran marxistas formados ni amplios conocedores del socialismo científico, pero anhelaban la redención de la clase obrera y el pueblo cubanos. En aquella época había muy malas traducciones al español de los clásicos del marxismo y solo quienes sabían francés o inglés, como eran los casos de Carlos Baliño y Julio Antonio Mella, pudieron nutrirse de textos fidedignos.  
En horas tempranas de la madrugada del 17 de abril recibo el aviso que se estaba produciendo un desembarco en Pla­ya Larga, gracias a un teléfono magneto instalado en el punto de observación allí que, con solo levantar el auricular, se comunicaba directamente con el cuartel de Jagüey Grande y mi casa.   Tan pronto conocimos lo que se estaba produciendo, le digo a Roxana, mi compañera en la vida: “Localiza a Celia y dile por dónde se está produciendo el ataque. Yo voy para Jagüey”.  
Los recuerdos aparecen en la mente de Margarita Viera Alfonso a manera de relámpagos. Tiene 71 años —no le importa que se diga—, pero el 9 de abril de 1968 no imaginaba convertirse en una de las fundadoras del hospital provincial general docente Mártires del 9 de Abril, de Sagua la Grande.
“Vivito y coleando. Preparándose para el Congreso.”   El mensaje o SMS perforó anoche la tranquilidad de una animada tertulia familiar. Demoré un par de horas en ver el celular y después de descubrirlo tardé otro par de segundos para comprenderlo. Sonreí.   “Y no quiere que un presidente gringo lo saque de escena”, respondí.   “Creo que eso mismo lo levantó.”   “No lo dudo.”   Y de que no lo dudo, no lo dudo.  
En los días iniciales de ese mes un nuevo ataque contra el pueblo cubano fue perpetrado por elementos terroristas quienes hicieron estallar una bomba de gran poder destructivo en un registro de la conductora central de la Cuenca Sur de La Habana