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La victoria revolucionaria frente a la invasión de abril de 1961 por bahía de Cochinos, organizada, entrenada, abastecida de medios de guerra y dirigida por la Agencia Central de Inteligencia (CIA), ha sido objeto de profusa atención desde diversas ramas del conocimiento, con una muy elevada cifra de obras de mayor o menor extensión referidas a ella. Pero el halo de clandestinidad que rodeó esa operación es palpable aún hoy.
Durante los primeros meses de 1961 las actividades subversivas, especialmente contra objetivos civiles, se habían incrementado. Para los grupos terroristas que actuaban en las ciudades, todo lo que estuviera relacionado con la economía y el comercio clasificaba entre los objetivos a destruir. En zonas rurales las bandas de alzados continuaban utilizando las armas y los explosivos que la Agencia Central de Inteligencia (CIA) les enviaba de forma clandestina, principalmente por vía aérea y marítima, para afectar la Reforma Agraria y frustrar la Campaña de Alfabetización.
Desde los primeros días de 1959, el gobierno de Estados Unidos estuvo dispuesto a destruir la Revolución Cubana. La invasión militar al territorio nacional estuvo precedida de una serie de agresiones económicas; de una enorme campaña de propaganda contra la Revolución en todo el mundo; y de una política dirigida a dividir y a debilitar las fuerzas de la Revolución.
Ha pasado mucho tiempo desde aquella pregunta y todavía le parece ver entrar a Fidel a uno de los espacios del antiguo campamento militar de Columbia, y dirigirse a su persona señalándole con el dedo: ¿Tú eres Fernández?
El Jefe rebelde había citado sorpresivamente para esa instalación a los integrantes del movimiento de Los Puros el día 12 de enero de 1961.
En las primeras horas de la madrugada del 17 de abril, con las informaciones que llegaron al Punto Uno sobre los combates en Playa Larga y en Playa Girón, Fidel junto con los oficiales que le acompañaban en el Estado Mayor, evaluó las condiciones excepcionales de la zona de la Ciénaga de Zapata.
No quiso que se revelara su nombre en la prensa cuando lo entrevistaron a finales de 1961. La reportera Justina Ávarez decidió apodarle Juanillo. Era entonces de pequeña estatura y reacio a decir su edad. Cuando se inscribió en las Milicias y no lo aceptaron, protestó: “¿Es que para defender la Revolución hay que ser alto y mayor de edad?”. Al final pasó la escuela de adiestramiento y recorrió mejor que muchos los 62 kilómetros. Y el 15 de abril de 1961 estaba acuartelado en un antiguo cuartel de la guardia rural con algunos de su batallón.
No quiso que se revelara su nombre en la prensa cuando lo entrevistaron a finales de 1961. La reportera Justina Ávarez decidió apodarle Juanillo. Era entonces de pequeña estatura y reacio a decir su edad. Cuando se inscribió en las Milicias y no lo aceptaron, protestó: “¿Es que para defender la Revolución hay que ser alto y mayor de edad?”. Al final pasó la escuela de adiestramiento y recorrió mejor que muchos los 62 kilómetros. Y el 15 de abril de 1961 estaba acuartelado en un antiguo cuartel de la guardia rural con algunos de su batallón. Ya casi amanecía y no podía conciliar el sueño, por...
La historia de este caso, ocultada y negada durante años por el gobierno de los Estados Unidos a pesar de los numerosos reclamos y solicitudes de los familiares de los pilotos, es parte de la sórdida, inescrupulosa y criminal historia de la participación de la CIA, el Pentágono, y las más altas instancias del gobierno norteamericano en la invasión mercenaria de Playa Girón.
Desde mucho antes del triunfo de la Revolución el primero de enero de 1959, los servicios de inteligencia estadounidenses asumieron como tareas prioritarias impedir la victoria de las fuerzas revolucionarias y el asesinato del Comandante en Jefe Fidel Castro.
Comenzaban los 80 del pasado siglo cuando el compañero Fidel concedió una entrevista a un académico junto a un congresista, norteamericanos ambos. Fue publicada entonces en un folleto por la Editora Política. De aquella lectura, recuerdo dos puntos que me han parecido siempre reveladores de aspectos esenciales de su pensamiento y conducta.
La decisión de reclamar una indemnización para Cuba por daños ocasionados como consecuencia de la invasión, sorprendió al Gobierno norteamericano.La fecha del 17 de mayo de 1961 —inicio de la batalla por la indemnización—, ha pasado a la historia como el día en que Fidel desmoronó las expectativas de los imperialistas, que esperaban la aplicación de duras condenas para impulsar su campaña de descrédito contra Cuba.