Introducción al libro “Fidel Castro y los Estados Unidos. 90 discursos, intervenciones y reflexiones”, compilado por Abel Enrique González Santamaría, con el sello de Ocean Sur. Fue presentado en la tarde de este miércoles en la sede de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC).  
 
El conocimiento de cuánto hizo Estados Unidos por impedir el triunfo de la revolución cubana es muy importante para la formación política de las nuevas generaciones de cubanos y latino-caribeños. Porque su tenaz apoyo a la dictadura de Fulgencio Batista y sus febriles maniobras para lograr la frustración de la guerra de liberación encabezada por Fidel Castro, corroboran de modo inequívoco el carácter profundamente antipopular y antidemocrático del sistema imperialista estadunidense y de su política exterior intervencionista.  
Nos acercamos al 90 cumpleaños de quien ha sido una de las personalidades mayores de la Historia del Siglo XX en el mundo: Fidel Castro.   Sus ideas y sus acciones se proyectan en muchos campos de la existencia social humana. Estos apuntes son sobre uno de esos campos: el desarrollo científico y tecnológico.  
Entre las muchas injusticias a reparar por la Revolución triunfante el primero de enero de 1959, figuraba la reorganización del hoy Ballet Nacional de Cuba, destruido por la tiranía batistiana, en septiembre de 1956, por no prestarse Alicia y Fer­nando Alonso y sus más cercanos colaboradores, a convertirse en un agente propagandístico de ese régimen sangriento.  
El 10 de marzo de 1952, de un portazo, se cerró un capítulo de la historia de Cuba. Fulgencio Batista –quien dos décadas atrás implantó una férrea dictadura y liquidó al Gobierno Revolucionario de apenas cien días surgido en 1933 a la caída de Gerardo Machado- con un puñado de sus antiguos colaboradores se hizo otra vez del poder.
A 48 años de haber jugado baloncesto con Fidel, Omar Iglesias confiesa que era muy difícil y lo afirma, sin dudas, el contrario más difícil que tuvo en los dieciséis años de basquebolista.   “Era por la forma en que jugaba y por ser, además, un hombre grande. Todavía en aquella época los chiquitos, con la medida nuestra, de 1.72, teníamos cierta posibilidad de jugar. Él es de 1.83 por ahí, ¡imagínate!. La diferencia era grande, grande”.  
De su amistad, ¿qué sabemos? Se conocieron una noche en casa de María Antonia. Fidel reconoció en él a un joven comunista, capaz de combatir una injusticia en cualquier rincón del mundo y lo invitó a ser parte de la expedición que reiniciaría las luchas por la independencia en Cuba. Guevara entendió que aquel abogado tenía madera de líder, un hombre que creía en lo que decía y cumplía sus promesas, por eso fue de los primeros en subirse al yate Granma.
Dolores Castaño Betancourt, Lolita, no fue acaso la primera maestra que llegó a Pozo de Vilató, caserío al centro y en el desguinde norte de la Sierra de Cubitas, pero sí la primera que tuvo escuela.   “Luego de graduada y sin trabajo un día me propusieron un aula en Cubitas. Me llevaron allí y le dijeron a los vecinos; aquí tienen una maestra, ahora tienen que hacerle una escuela o nos la llevamos”. Así nos lo contó un día Lolita, quien terminó esta historia con un aula en el portal de la tienda del poblado, mientras los vecinos hacían el rancho al otro lado del camino.
Para engrandecerla no ha necesitado de millonarias sumas de dinero ni de cuentas bancarias en el extranjero. Hace algunos años un libelo calumnioso intentó atribuírselas y fracasó cuando él lo conminó a demostrarlo; y es que ninguno de los que han querido dañar su imagen entenderán nunca que la fortuna de Fidel ha sido y es la más visible y valiosa de todas.  
EN SU ANDAR por Cuba, el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz visitó Villa Clara en múltiples ocasiones. Se le vio entre ciclones, inundaciones o accidentes auxiliando damnificados, también impulsando planes agrícolas como el Yabú, la Vitrina o institutos científicos como el Inivit, el Centro de Bioactivos Químicos, el de Biotecnología de las Plantas, estos últimos en la Universidad Central, o los viales del Escambray, así como el desarrollo turístico del nordeste de la provincia donde, a idea suya, se construyó el pedraplén Caibarién-Cayo Santa María.  
Fidel-Silvino en la Plaza   Al igual que 36 años antes, el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz ocupó asiento en la primera mesa frente al monumento a Martí, en la tarde-noche del siete de diciembre de 2002. Esta vez no iba a enfrentar al Campeón del Mundo, sino al primer Gran Maestro cubano (1975) luego del triunfo de la Revolución y varias veces campeón nacional, Silvino García Martínez.