Biblioteca
El triunfo de la Revolución abrió todas las puertas a varias generaciones de cubanos. “Seguir las palabras de Fidel, que eran compartidas por todo un pueblo, fue para mí más que una sensación y una vivencia, un magisterio.”
Eusebio Leal Spengler, Historiador de la Ciudad de La Habana, tenía entonces mucha avidez de conocimiento y le había sido negada en la pobreza familiar la educación escolar anhelada.
Hay una imagen recreada por Margarita Yourcenar en uno de sus libros que me gusta mucho. Habla de ciertas tribus nómadas del Amazonas en la que los indios, al marcharse de los lugares donde han sido felices, cargan consigo unos manojos de juncos que utilizan en cestería y cuya virtud principal consiste en exhalar, si el tiempo es de lluvia, el olor que fue suyo meses y años atrás, cuando todavía eran verdes y frescos a la orilla de los arroyuelos.
Cabalgando con Fidel se ha convertido en un tema con un alto valor simbólico de los tributos póstumos al líder cubano y nació, sin duda, de un destello de inspiración. Su autor, el músico Raúl Torres, asegura que es una consecuencia de las heridas de la tristeza.
El 2 de diciembre de 1956, el jefe del escuadrón de la Guardia Rural destacado en Manzanillo comunicaba al Estado Mayor del Ejército, del desembarco de un grupo de hombres armados por un punto de la costa de ese territorio. El yate donde hicieron la travesía había sido detectado por el Ejército y tiroteado primero por un guardacostas y luego por la aviación cuando ya los expedicionarios estaban lejos de la orilla. Pasaban las horas desde la llegada del aviso y la jefatura de las Fuerzas Armadas no parecía dispuesta a enviar tropas a la zona del desembarco, ni el dictador Fulgencio Batista...
Fidel vuelve sobre sus pasos de gigante, a andar la tierra a la que tanto amó y dedicó su vida. En su travesía se siembra en cada pueblo, renace en el corazón de la gente que acude a su encuentro emocionada y comprometida.
Es 2 de diciembre de 1956 y el expedicionario más joven del yate Granma, Arsenio García Dávila, comienza a desandar en una punta de mangle llamada Los Cayuelos, a dos kilómetros de la playa Las Coloradas.
Fidel vuelve sobre sus pasos de gigante, a andar la tierra a la que tanto amó y dedicó su vida. En su travesía se siembra en cada pueblo, renace en el corazón de la gente que acude a su encuentro emocionada y comprometida.
Él es como ese suelo donde germina la conciencia del cubano, sostuvo la poetisa Carilda Oliver Labra, una de las personas que mejor descifró la naturaleza indomable y el genio del líder revolucionario en su juventud.
Antes de dialogar con Granma, nos pide unos segundos para ordenar sus recuerdos sobre el hombre que admira. Afirma que fueron innumerables sus encuentros, y algunos los tiene perennes en su memoria como si hubiesen ocurrido ayer.
Para Alcides Sagarra, quien por muchos años estuvo al frente de los equipos cubanos de boxeo, hablar sobre Fidel es adentrarse en un mar de anécdotas, consejos, conocimientos, intercambios de criterios deportivos y bondad. Sobre todo mucha bondad.
Desde hace unos cuantos años, al pasar por la Avenida de Las Américas, frente al estadio Guillermón Moncada, no puedo evitar recordar a Fidel al observar los cimientos y primeras estructuras de una edificación inconclusa.
Fidel es un líder universal. Admiradores y conocedores de su pensamiento y su obra, agradecidos de sus enseñanzas, llegan a Cuba para rendirle honores: desde presidentes y exmandatarios hasta líderes gremiales y de organizaciones populares de todos los continentes.
«De viajes como éste no se regresa, o se regresa con la tiranía descabezada a los pies», decía el joven líder Fidel Castro, y en un pequeño yate de recreo anclado en el puerto mexicano de Tuxpan, el 25 de noviembre, 82 muchachos del Movimiento 26 de Julio se acomodaban para partir hacia costas cubanas.
¡Mira que ocurrírsele que creciera el Turquino! Sí, que el mismísimo pico de la montaña más alta de Cuba podría crecer. Así de tenaz, acaso, aunque es dichosa esa tozudez de quien no conoce límite a los sueños. Y va por ahí, desandando caminos, digno de fe. Fidel, sembrando hombres.
Ellas y ellos lo cuentan. Son sus voces, sus vivencias, las que no podrían olvidarse.
Andrés García Suárez, periodista jubilado (Cienfuegos)