Biblioteca
Somos la memoria. Nada, nadie puede quitarnos eso: cada hombre o mujer es fruto de sus emociones cernidas en las vivencias. Además de los más recónditos recuerdos, las huellas de una vida suelen estar en gavetas llenas de notas y fotografías, en objetos que son símbolos. Por eso me conmueve repasar en estos días, a más de 20 años de haberlo escrito, el diario sobre la expedición Tuxco 39, la que reeditó en un viaje hecho por el buque cubano de investigaciones científicas Ulises, la epopeya del yate Granma.
Hay que caminar mucho del hotel en que estamos a la Plaza. Y es raro. Hay movimiento en las calles. Pero es un movimiento paulatino, mecánico; una lentitud que dicen que en Santiago no es normal.
La ciudad está llena de gentes, camionetas, motos. Llena de brazaletes y edificios y pancartas con héroes. Se trabaja. Se estudia. Pero uno siente de todas formas que es extremadamente silenciosa.
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Consciente del papel histórico que las empresas transnacionales han jugado en la concepción y aplicación de las políticas neoliberales a partir de la década de los años setenta, la voz de Fidel se ha elevado para reflejar la esencia de tales manipulaciones y dedicar al estudio de estas expresiones del sistema capitalista importantes análisis, indispensables a la hora de desentrañar las causas que provocan tales fenómenos y discutir sobre las políticas alternativas para impulsar otro mundo posible.
Fidel y las empresas transnacionales en los primeros años de la revolución
Todos los cubanos, en cualquier rincón del mundo, deben sentir orgullo, de que su pequeña isla sea reconocida en los cinco continentes, sea por sus campeones olímpicos, su música, sus logros científicos, su labor solidaria o simplemente por la defensa de los pobres, la independencia y la soberanía.
Esto es posible porque un hombre, Fidel Castro, terminó la obra comenzada por Carlos Manuel de Céspedes, José Martí, Antonio Maceo -en las guerras por la Independencia- y también por los miles de patriotas que cayeron por esos ideales.
Aún a los que somos ya viejos se nos hace difícil recordar una América Latina que no tuviera la impronta de Fidel Castro y la Revolución Cubana.
Pocas veces puede decirse con tanta corrección que todo un ciclo histórico esté tan profundamente marcado por la inteligencia, la valentía, la perseverancia y la audacia de una sola persona, como es el caso de la América Latina y el Caribe y el autor del ataque al Cuartel Moncada el 26 de julio de 1953.
Los cubanos siempre vimos a Fidel ocupar la primera línea de combate para enfrentar los peligros de agresión militar que acecharon a la Patria en diversas ocasiones, sin reparar nunca en los riesgos a su propia vida.
Así lo hizo cuando la invasión mercenaria por Playa Girón en abril de 1961, y la Crisis de Octubre de 1962, cuando el país afrontó la potencial amenaza de un ataque masivo de las fuerzas armadas de los Estados Unidos, incluido el probable uso de armas nucleares.
Es 2 de diciembre de 1956 y el expedicionario más joven del yate Granma, Arsenio García Dávila, comienza a desandar en una punta de mangle llamada Los Cayuelos, a dos kilómetros de la playa Las Coloradas.
La travesía que emprendió el 25 de noviembre ha sido difícil, mas no en vano. Quizá en el fondo lo sabe y por eso no pierde las esperanzas. Veinte primaveras tenía entonces y una sed de libertad que le encogía el corazón con cada injusticia; como aquella vez en que, por falta de dinero para comprar medicamentos, casi ve morir a un hermano en su natal Güines.
Querido General de Ejército;
Invitados;
Pueblo de la heroica Santiago;
Compatriotas:
Fidel es Cuba, desde su temprano liderazgo estudiantil en la Universidad de La Habana, cuando una generación de jóvenes abnegados levantó contra la oscuridad sus antorchas para no dejar morir al Apóstol en el año de su centenario. Desde el Moncada, donde asumió la causa de las grandes mayorías desposeídas y explotadas, de los pobres de la Tierra a los que se refirió Martí, y salió a combatir, decidido a arriesgarlo todo por ellos.
Corrían los días más difíciles del período especial. Se hablaba de opción cero e incluso de ollas colectivas. Mi familia sembraba viandas en el estrecho pasillo de nuestra vivienda citadina; viandas destinadas a enriquecer mi puré de infante.
Y en medio de aquello, Fidel dijo en la televisión que bajo ningún concepto un niño cubano podía ir a la escuela sin uniforme. Había que zurcirlo, heredar el del primo o el hermano, pero vestirlo. Ninguna carencia material podía justificar que los pequeños dejaran de usar ese atributo de la dignidad conquistada. Y así mismo fue.
Heroico pueblo santiaguero;
Compatriotas:
Los trabajadores y su movimiento sindical expresamos el profundo dolor y la tristeza que sentimos por el fallecimiento del fundador de la Revolución Cubana, el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz.
Querido Comandante:
La rebeldía de Casiguaya, el ansia libertaria de Carlota, el patriotismo de las mambisas y la desafiante lucha de las combatientes del llano y de la Sierra, cristalizaron en el país nuevo que fundaste en la aurora del 1ro de enero. Con la conquista de una verdadera emancipación, por primera vez las mujeres cubanas fuimos protagonistas de nuestro propio destino, convirtiendo en realidad el reclamo que desde el comienzo de las luchas por la independencia hiciera Ana Betancourt.
Querido General de Ejército Raúl Castro Ruz;
Compatriotas:
La patria, en su devenir histórico, tiene momentos de gloria infinita y de pesar profundo. Hoy vivimos ese instante difícil en que debemos contemplar, consternados y firmes, la partida del soldado ejemplar; el continuador martiano de la obra grande, que nos ha hecho crecer como nación ante los ojos de un mundo que desde 1959 nos respeta y admira.