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Cuando Fidel subió a la improvisada tarima, alguien se acercó a saludarlo. Un joven pinareño de 29 años le esperaba con una revista local, llamada Sol, para que la firmara. Llevaba todo el día de pie, sin comer nada ni moverse del lugar, para no perder su posición.
De boca en boca y de titular en titular está todavía la noticia más importante con que el 2017 recibió a los cubanos dispersos por el planeta. Cuba y Estados Unidos firmaron un nuevo acuerdo migratorio y la victoria nos deja el sabor de aquello que por mucho tiempo se ansió y, ahora, finalmente, se consigue… aunque aún permanece la Ley de Ajuste.
A partir del pasado noviembre, cuando el líder máximo de la Revolución Cubana dio su paso a la eternidad, comienza el estudio de todo su quehacer político, social, económico, cultural y humanista. Es ahora que la obra legada por Fidel alcanza una dimensión definitiva, abarcadora y trascendente.
Lo es así porque hasta el último segundo de su existencia se mantuvo consecuente con las ideas que inspiraron su pensamiento y su acción.
Un cuartelito situado en el pequeño llano costero cercano de la desembocadura del río La Plata fue el lugar escogido por el Comandante en Jefe, Fidel Castro Ruz, para realizar —el 17 de enero de 1957—, la primera acción ofensiva del Ejército Rebelde contra el ejército batistiano.
Ya desde antes de partir de la finca de Mongo Pérez, en Purial de Vicana, con un reducido contingente de expedicionarios reagrupados y algunos campesinos incorporados, Fidel ha decidido llevar a cabo cuanto antes alguna acción exitosa que de testimonio de la supervivencia y pujanza de la guerrilla. Así caerían al suelo las campañas de desinformación de la dictadura que afirma que Fidel Castro y sus hombres están muertos o dispersos y desalentados.
El ataque a un pequeño cuartel que existía en la desembocadura del río de La Plata, en la Sierra Maestra, constituyó nuestra primera victoria y tuvo cierta resonancia, más lejana que la abrupta región donde se realizó. Fue un llamado de atención a todos, la demostración de que el Ejército Rebelde existía y estaba dispuesto a luchar y, para nosotros, la reafirmación de nuestras posibilidades de triunfo final.
Para Yusuam Palacios Ortega, presidente nacional del Movimiento Juvenil Martiano (MJM), el estudio profundo de la vida y obra del más universal de los cubanos, “quien nos legó la idea del bien, de ser mejores personas y auténticos patriotas”, deviene premisa esencial para las nuevas generaciones, a 164 años de su natalicio.
«Aquel día histórico, Fidel me dijo cuando llegamos al Campamento Militar de Columbia, hoy Ciudad Libertad, habla tú en representación de la FEU. Esa actitud de él, acabada de triunfar la Revolución, de darles voz a los jóvenes, a los estudiantes, la mantuvo siempre».
Habían transcurrido exactamente 44 días de la dispersión en Alegría de Pío cuando los sobrevivientes de la expedición del Granma, 18 en total, que lograron reagruparse en torno a Fidel y ganar la Sierra Maestra, asestaron un rotundo mentís al régimen, que aseguraba haberlos exterminado.
Aún antes de su muerte física, el vacío dejado por Fidel resulta el mayor de los desafíos que afrontamos los revolucionarios cubanos porque su impronta, su pensamiento y accionar, signó nuestras vidas desde que asumió la dirección de los destinos de un proceso social en constante evolución.
Fidel estuvo en todo, pensó en todo, ayudó en todo. Su pensamiento sobrepasó los límites de las corrientes filosóficas de su época y su ideal revolucionario prevalece, aunque ya no contemos físicamente con su presencia.
El líder histórico siempre abogó por el bienestar social. En Cuba tenemos el privilegio de contar con una sociedad donde se vive una gran tranquilidad ciudadana, aunque no es perfecta, puede ser la "envidia" de muchos países.
La memoria es una estrella fugaz para él. Aparecen y desaparecen a ratos episodios de su vida, nombres, hechos ocurridos solo minutos atrás. Recordar es un privilegio que lo abandonó hace ya varios años. En los días de la muerte de Fidel la intermitente ventaja de evocar se tornó un continuo y doloroso martirio.