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Los soldados no pudieron complacer al tirano y matar a Fidel y todos sus compañeros en aquel encuentro de Alegría de Pío, pero se esforzaron en asesinar a todo expedicionario que caía en su manos.
Quien visite la calle Corralón, en la localidad camagüeyana de Minas, no sospecharía que Amparo Sánchez Guerrero, con sus 89 años de edad, allí sentada en su máquina de coser, atesora en su corazón testimonios de lo que vivió y sintió por Fidel Castro, a quien cataloga como estratega y constructor del país que es hoy Cuba.
Desde que supo de su existencia, sintió que corría por sus venas el patriotismo y la admiración por un hombre que sembró la semilla de futuro para el sector más humilde en la Isla.
Fidel nos enseñó cómo enfrentar con eficiencia y cohesión los retos del período especial, el creciente bloque imperialista y las campañas mediáticas dirigidas a sembrar el desanimo entre la ciudadanía.
Después del combate en Alegría de Pío, el 5 de diciembre de 1956, la dispersión fue uno de los principales factores que condicionó, en lo adelante, la exposición de los expedicionarios del Granma a las más complejas situaciones. No obstante, la mayoría de los sobrevivientes mantuvo el curso hacia la Sierra Maestra, lugar que la capacidad previsora de Fidel había establecido para el reencuentro en caso de ocurrir una situación similar.
Muchas personas en el mundo, incluso en Cuba, se sorprendieron cuando el General Presidente, Raúl Castro Ruz –el 3 de diciembre del 2016–, dio a conocer la voluntad de nuestro Comandante en Jefe de que «una vez fallecido, su nombre y su figura nunca fueran utilizados para denominar instituciones, plazas, parques, avenidas, calles u otros sitios públicos, ni erigidos en su memoria monumentos, bustos, estatuas y otras formas similares de tributo».
“Ave César, los que van a morir te saludan”. Los altavoces multiplicaban la voz de Fidel por las calles de la ciudad. Era una marcha del pueblo combatiente, y mi generación, la de los nacidos en los noventa, marchaba junto al resto de las generaciones de cubanos. Levantábamos nuestras banderitas cubanas y repetíamos las consignas. Para nosotros, esa marcha, al igual que la Batalla de Ideas en general, era una forma de mojarnos un poco con la épica revolucionaria que no habíamos vivido. Fue en marchas como esa que aprendimos, también, quien era Fidel Castro.
En un lugar de Holguín, de cuyo nombre sí puedo acordarme –San Germán- se produjo el encuentro. Era la primera vez que el pequeño de 11 años lo veía en vivo, en colores y en “3D”. Y todo producto de la casualidad.
“Siempre he admirado a Fidel, porque mi familia es muy revolucionaria y hay una tradición de cercanía espiritual a él. Sin embargo, nunca pensé que podía verlo personalmente, y menos allá en San Germán, un pueblito de campo”, confiesa Víctor Aguilera Nonell, joven profesor de Historia de la Universidad de Holguín.
Un año después de su desaparición, el 25 de noviembre de 2016, el líder de la Revolución Cubana perdura en la memoria colectiva como el héroe de los desheredados.
En diciembre de 2005 Fidel Castro participó en su última cita con los hermanos caribeños, cuando la hermosa isla de Barbados acogió la Segunda Cumbre Caricom-Cuba. Nuestro director Randy Alonso acompañó a la delegación cubana a aquella histórica reunión y al final de la misma escribió esta crónica que sirvió de preámbulo al libro “La esencia de la amistad”, que recoge las memorias de esa Cumbre. Cubadebate rescata de su archivo esta evocación del último viaje del líder de la Revolución Cubana al Caribe hermano.
A las 8:30 de la noche del 9 de diciembre de 1958, el oriental poblado de Baire era tomado por el Ejército Rebelde. El día anterior, el Comandante en Jefe Fidel Castro había dirigido un comunicado a los vecinos de este poblado, solicitándoles su evacuación, pues el ejército de la tiranía se había atrincherado en las viviendas, creyendo evitar así el ataque, ya inminente.
«El Caribe siempre podrá contar con la eterna amistad, el desinterés, la gratitud y el apoyo pleno y total de sus hermanos cubanos», afirmó el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz el ocho de diciembre del 2002 en La Habana, con motivo del aniversario 30 del establecimiento de relaciones diplomáticas con Barbados, Guyana, Jamaica y Trinidad y Tobago, acto que sentó las bases de la futura relación entre la Comunidad del Caribe, Caricom, y Cuba.
«El Caribe siempre podrá contar con la eterna amistad, el desinterés, la gratitud y el apoyo pleno y total de sus hermanos cubanos», afirmó el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz el ocho de diciembre del 2002 en La Habana.