Este es un sitio que resguarda una espiritualidad peculiar. Todo su entorno revela la presencia de Fidel y pensar en él, allí, nos compromete a creer en el futuro.   —¿Cuántos fusiles traes? —Fue lo primero que preguntó el líder a su hermano luego del emocionado abrazo el 18 de diciembre de 1956.   —Cinco.   —Y dos que tengo yo, siete. ¡Ahora sí ganamos la guerra!   Y por segunda vez, en tierra de héroes y de lucha, una sentida frase se empina sobre la adversidad y moviliza a hombres de ideales.  
Aquellas memorables palabras de Fidel en el Aula Magna de la Universidad de La Habana, el 17 de noviembre de 2005, cuando alertaba que, a pesar de los esfuerzos de todos estos años, podíamos perder la Revolución nosotros mismos, si no somos capaces de resolver nuestros problemas, volvieron a despertar la inquietud de los participantes en el 6to.
Nadie supo qué pesaba más en aquella mujer, si sus 94 años de vida o el desgarramiento interior que le provocó un llanto en surtidor. Contó que venía desde lo más recóndito de Yateras, que bajó lomas, cruzó ríos, pasó lo inenarrable… pero estaba allí, y muy a pesar de sentimientos encontrados dijo a todos que era feliz.   Cumplió con él y con ella misma, se le acercó, le regaló una flor, le pidió protección y bendiciones, y le dejó un gracias infinito por la vida de antes y por la de ahora, aunque en otra dimensión.  
En todo el monte no hubo testigos mejores, más esbeltos ni cubanísimos, que las cinco palmas cercanas al sitio del reencuentro de los dos hermanos, del histórico abrazo y el grito triunfal.   Habían pasado 16 días desde el desembarco y 13 de la infausta sorpresa de Alegría de Pío, cuando el 18 de diciembre de 1956 marcó el final en las rutas divididas de dos de los grupos de combatientes dispersos: el de Fidel con Faustino y Universo, y el de Raúl con otros cuatro compañeros.  
Un regalo fue el matrimonio de Luis Jesús Pérez Martínez, natural de La Habana, y Juana Bautista de la Concepción Ramírez Figueredo “Conchita”, nacida en el central Pilón, antigua provincia de Oriente.   Significó uno de los momentos más importantes en sus vidas el acto en sí de prometerse amor eterno; pero más allá de eso, resultó una inmensa fortuna para ellos que quien formalizara aquella unión fuera el Comandante en Jefe Fidel Castro.  
A pesar de las costosas pérdidas en vidas valiosas, el movimiento revolucionario se mantenía pujante a finales de 1957. El Directorio Revolucionario había sufrido sensibles bajas en el ataque al Palacio Presidencial (13 de marzo) y en la masacre de Humboldt 7, pero preparaba condiciones para la creación de un destacamento guerrillero en el Escambray.
El enorme reservorio de anécdotas y testimonios de los participantes en la Campaña de Alfabetización refleja un país que no existe como era, pero todavía requiere que jóvenes, adolescentes y niños porten en sus pergaminos escolares las reservas educacionales, culturales y patrióticas garantizadas entonces.  
La mayoría de los participantes en la Campaña de Alfabetización en Cuba se aproximan o rebasan ya los setenta años y otros se han unido en la historia a los 42 que entregaron sus vidas durante la epopeya de 1961.  
Fidel, a un año del triunfo de la Revolución en 1960, dijo algo que ha estado presente en todo el proceso revolucionario: los niños de hoy, son el pueblo del mañana. “Hay que cuidarlos y velar por ellos como los pilares con que se funda una obra verdaderamente hermosa y verdaderamente útil (…)” 1  
Era sin duda una hazaña de naturaleza educacional y cultural debido a que nunca antes ni después un pueblo alguno eliminara el analfabetismo, en apenas un año, e involucrando a miles de alfabetizadores surgidos de sí mismo, por demás en un periodo convulso por las agresiones de EE.UU. 
Como dijimos en el trabajo anterior, El segundo diciembre guerrillero, en los últimos días de 1957 los rebeldes habían quedado dueños del territorio entre el pico Caracas y Pino del Agua, de oeste a este en la Sierra Maestra. Al hacer un recuento del primer año de lucha guerrillera, Che subrayaba en un artículo para la revista Verde Olivo, ya con la Revolución en el poder, cuán decisiva había sido la solidaridad campesina y espontánea sin esperar nada a cambio, desde los días iniciales de la lucha, en diciembre de 1956, tras la dispersión de Alegría de Pío.  
El Presidente del Consejo de Dirección del Canal libanés Al Mayadeen, Ghassan Ben Jeddou, era periodista estrella de la cadena catarí Al Jazeera en septiembre de 2000, cuando logró ser el primer periodista árabe en tener una extensa entrevista con el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz. Este es el testimonio de este reconocido profesional de aquel encuentro que califica como una de las reuniones más importantes de su vida.