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Al recordar el viaje del Comandante a la tierra de los anamitas, las dos naciones reafirmaron la continuidad de compañerismo militante.
LA sincronización horaria no fue posible debido a la distancia geográfica que media entre Cuba y Vietnam, así que cuando en La Habana se recordaba el inolvidable viaje de Fidel por la tierra de los anamitas hace 45 años atrás, en Indochina se reponían fuerzas para conmemorar igual fecha en los mismos escenarios por donde pasara el Comandante en Jefe. Sin embargo, sí hubo comunión de alegría y orgullo por el legado de nuestra hermanada historia.
Al ondear la bandera victoriosa en el propio escenario de la guerra, aseguran los vietnamitas que el Comandante en Jefe elevó la moral de la tropa, momento en que patentizó que, si llegaba la hora, Cuba daría su sangre por el hermano pueblo anamita.
A Lé Vinh Quán los pelos se le pusieron de punta. Algo extraño había aparecido en el contenido del plato preparado para Fidel. Sobre Lé recaía la encomienda, en la provincia central de Quang Binh, de velar por la protección y los servicios internos del Primer Ministro cubano durante su estancia en esa región del entonces agredido y convulso Vietnam.
Fueron sinceras mis lágrimas por usted. La noticia de su partida me conmovió en lo más profundo, porque la sencillez y bondad que emanaban de su ser fue siempre para mí motivo de respeto y admiración. En aquellos días de infancia en que soñaba con la música como mi única vocación, aprendí La Lupe, y solía cantarla con tanto sentimiento que podía sentir cómo mi piel se erizaba de emoción.
Es Salvador Allende una figura que marca una experiencia de lo que se debe y no se debe hacer en política, símbolo de la libertad cuya memoria no pudo hollar jamás la ensangrentada bota de aquellas bestias vestidas de verde.
Hay hechos que identifican hombres. Hombres que identifican pueblos. Ideas que son principios. Principios que conducen a la victoria. Y ninguna victoria se logra sin lucha, sin que se produzcan reveses, sin sueños, no todos hechos realidad.
Fidel Castro, el más grande de los cubanos del siglo xx, no solo habló y escribió de estos temas, sino que predicó con ejemplo y tenacidad irrepetibles, que la lucha es posible, que los reveses son parte de ella y que la victoria puede alcanzarse.
Ho Chi Minh murió el 2 de septiembre de 1969 y Fidel Castro solo pudo visitar Vietnam cuatro años después, pero ni la fatalidad pudo impedir el encuentro entre aquellos dos hombres que se profesaron una inmensa amistad.
Tras el histórico viaje de Fidel a Vietnam en 1973, la periodista Magali García Moré, fue reconstruyendo el recorrido del Comandante en Jefe y publicó en el periódico Granma una serie de trabajos que, desde hoy 12 al 15 de septiembre, reproducimos en Cubadebate y en el Sitio Fidel Soldado de las Ideas.
Obedeciendo más al apremio del reloj que al sentido común, y sin darle mucha importancia a las bravatas de la madre natura, salimos al encuentro del héroe: o lo entrevistábamos ahora o perderíamos el testimonio. Con la agenda llena, y casi nada de tiempo, solo quedaba una opción: desafiar la amenaza.
Puedo considerarme un testigo de cómo ha sido el progreso de Vietnam en estos casi 30 años. Fidel Castro
El heroísmo sin igual que ha sido capaz de desarrollar este pueblo nos trae a la memoria las palabras del Comandante en Jefe Fidel Castro, en Dong Hoy, cuando afirmara que “para nosotros, poder cooperar con el pueblo de Viet Nam es un alto honor por el cual tenemos que darles las gracias”.
Basta adentrarse solo unos metros en la casa del doctor Ariel Soler Muñoz para percatarse de su vínculo con Fidel. No solo lo delata la fotografía que guarda celosamente sobre el librero, sino también el ser testigo de lo que fue para él uno de los gestos de altruismo más grande del líder histórico de la Revolución Cubana.
Vietnam sería el punto de partida de otras muchas historias, esas que atesora en la agenda de los 57 viajes que compartió con el Comandante.