El Profesor José Alejandro Aguilar no puede evitar ir a la historia cuando se le pregunta acerca de las nacionalizaciones llevadas a cabo por Cuba a partir de 1959, que han sido colocadas otra vez sobre el tablero y manipuladas como presunto objeto de recambio por el desempeño injerencista y chantajista de Donald Trump: así lo vuelve a demostrar la activación del Título III de la Ley Helms-Burton.       
Las playas de Tarará son todo lo que se puede esperar del Caribe cubano. Mar cálido azul turqueza, palmeras idílicas sobre arena fina y ocre, brisa suave. Un puñado de casitas bajas con jardín se ordenan sobre una cuadrícula perfecta a escasos 30 kilómetros al este de La Habana. En el centro, un tosco edificio con la pintura rojiza ajada por el salitre esconde uno de los episodios menos conocidos del desastre de Chernóbil.  
Se va a llamar Nirza, dijo Sara, la madre de la pequeña. De ahora en lo adelante crecerá con ese nombre, ratificó Fernando, el padre. Y de esta manera, ambos progenitores sellaron un pacto de gratitud con la persona que salvó del infortunio a esta familia boliviana.   El nombre es ajeno a su cultura y quizás ellos jamás lo habían escuchado. Pero no importa. Hay un mandamiento más fuerte que rompe cualquier dogma: el amor. Por eso decidieron que su hija más pequeña llevaría el nombre de la Dra cubana Nirza García Valdés, quien a partir de ahora también será su madrina.
El 11 de junio de 1959, en horas tempranas del día, Fidel fue a Palacio y le solicitó a Luis Buch su criterio sobre Raúl Roa García. Al final le manifestó que estaba pensando proponerlo como Ministro de Estado.  
En ocasión del Día de los Padres, Cubadebate y el sitio Fidel Soldado de las Ideas comparten imágenes de Don Ángel Castro, el padre de Fidel “(…) demostraba su ternura sin palabras. Algo significativo en él, siempre abrumado de trabajo y preocupaciones. No regañaba ni discutía con frecuencia. Su mal genio y prestancia de hombre de carácter, inspiraban respeto.
Un día de 2011, la creadora visual peruana Sonia Cunliffe visitó el balneario de Tarará. Llamó su atención niños calvitos bañándose en la playa. Preguntó quiénes eran y le respondieron: los niños de Chernobil. Ella quedó impactada, pero en aquel entonces no supo nada más.   Luego en 2015, el azar hizo que nos conociéramos y me preguntó si yo conocía sobre aquella historia. Le referí lo que guardaba en mi memoria. Ella insistió en querer hacer una exposición sobre el tema y me pidió colaborar con la investigación. Dudosa acepté. Hoy le agradezco infinitamente.  
Corría el mes de junio cuando el Diario de la Marina y otros periódicos burgueses lanzaban una violenta campaña contra la Revolución. En sus textos ofendían y calumniaban a Fidel, todo por haber comenzado a destruir los privilegios, causantes del hambre, la miseria y el dolor de las capas más humildes del país.
En marzo de 1990 llega a Cuba el primer grupo de niños y niñas de las áreas afectadas por la explosión del cuarto reactor de la Central Electronuclear en Chernóbil.  Ya en julio de ese mismo año, con el trabajo voluntario de miles de cubanos, en el balneario de Tarará se habían recuperado casi todas las instalaciones para el recibimiento masivo de niñas y niños de Rusia, Bielorrusia y Ucrania.  
El IX Congreso de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba ha sido y será mucho más que las dos sesiones previstas los días 29 y 30 de junio en el Palacio de las Convenciones de La Habana. Comenzó desde el mismo momento en que fue proclamada la convocatoria, hace un año, justo cuando conmemorábamos el aniversario 57 de las Palabras a los intelectuales pronunciadas por Fidel, y tuvo después un amplio e intenso recorrido en las secciones especializadas y las filiales provinciales de las Asociaciones que culminó con el reciente proceso de balance en todos los territorios del país.
En momentos en que se celebra el IX Congreso de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), es imposible no tener presente a Fidel; su vínculo con esta organización fue íntimo, emotivo, intenso y sistemático durante décadas. El 30 de junio de 1961, reunido con escritores y artistas del país en la Biblioteca Nacional, el líder de la Revolución pronunció lo que pasaría a la historia como Palabras a los Intelectuales.