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Noviembre 25 de 2019. Escalinata de la Universidad de La Habana. La noche está despierta. Los mismos predios que tantas veces te vieron caminar por sus pasillos y defender con la fuerza de tu corazón la continuidad de la lucha independentista del país, la misma en la que te formaste como revolucionario, desmiente el adiós llorado por Cuba entera hace tres años.
La escalinata de la Universidad de La Habana vibró con el homenaje sentido de la juventud al Comandante en Jefe, en el tercer aniversario de su partida hacia la eternidad. El presidente cubano, Miguel Díaz-Canel, asistió a este espacio de recordación y compromiso con el legado de Fidel
Siempre preclaro, egregio, Fidel sabía que la mejor herramienta que debía poseer su pueblo para defender y mantener la libertad conquistada, era la cultura. Lo había aprendido de su maestro, el Héroe Nacional José Martí y fue una de sus principales batallas. Martí le enseñó que "saber leer, es saber andar, saber escribir es saber ascender". Fidel habló por su maestro: “[...] Nosotros no le decimos al pueblo: ¡cree! Le decimos: ¡lee! [...]”. Y cumplió.
“Mientras exista el imperialismo, el Partido, el Estado y el pueblo, les prestarán a los servicios de la defensa la máxima atención. La guardia revolucionaria no se descuidará jamás. La historia enseña con demasiada elocuencia que los que olvidan este principio no sobreviven al error”[1].
El levantamiento armado del 30 de noviembre de 1956 en Santiago de Cuba se inscribe como expresión suprema de la identificación de su artífice, Frank País García, y lo mejor de la juventud santiaguera, con el ideario del líder de la Revolución Cubana, Fidel Castro Ruz.
Dicen que impresionaba, que si agigantada era su figura, así de enorme también era su capacidad para tener a un pueblo al lado. Dicen que era tan terco que no dobló nunca el torso ante las presiones, ante el odio de quien no ve lógico que un país pequeño no pueda ser engullido por uno grande. Cuentan que iba a los detalles porque, precisamente por no tenerlos presentes, no logró tomar el Moncada.
La libertad es un derecho de los hombres; mas, de esta Isla, condición natural. Quienes la habitan y honran como patria ven su destino infinito e indomable, como el mar.
Por eso se levantan si la hieren, la humillan o la pretenden con ansias de imperio, y vuelven sobre las olas nuestros héroes, a vencer las afrentas y a situar, en la poltrona del pueblo, la voluntad soberana. Hay tormenta y agua fiera, pero es peor el tormento de la tierra secuestrada y mayor la fiereza de la rabia.
El yate Granma tocó tierras cubanas el 2 de diciembre de 1956, luego de una travesía de ocho días desde Tuxpan. No solo de 82 hombres venía lleno el barco, también de temores y valentías. Hoy, a 63 años de ese desembarco, liderado por Fidel Castro, recordamos algunas de esas historias.
Uno de esos expedicionarios es Manuel Echavarría Martínez, quien recuerda la primera vez que conversó con el Comandante en Jefe. De Manzanillo, criado entre “ocho muchachos, por la vieja y el viejo”, lo invitaron a La Habana a reunirse con Fidel.
Blanca como su vestimenta, así llevan también el alma, ¿quién puede dudarlo? Su nobleza ha transparentado las fronteras en un batallar incesante por la vida, que desconoce diferencias de clases, que no distingue razas y que solo pide a cambio esperanza renacida.
“Cuesta creer que el dolor pueda resultar poético.
Con los primeros rayos de sol, la colocación de una ofrenda floral ante la roca monumento que guarda las cenizas del Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz, en el cementerio patrimonial Santa Ifigenia, se inició el homenaje al líder histórico de la Revolución Cubana en el tercer aniversario de su desaparición física