Biblioteca
Años después Fidel valoraría la batalla de Guisa como más importante y difícil, desde el punto de vista militar, que la del Jigüe. Guisa fue un desafío, precisó, con tropas todas nuevas, contra un ejército de operaciones de 5 000 soldados.
En los últimos días de diciembre de 1958 se combatía muy fuertemente en las ciudades de Palma Soriano y Maffo, Contramaestre, pues en esos 2 lugares se encontraban tropas muy bien atrincheradas y con armamento muy bueno.
El Comandante en Jefe Fidel Castro, consciente de la inminente caída del tirano, convocó a la Dirección Nacional y a los coordinadores provinciales del M-26-7, así como a los comandantes Raúl Castro y Juan Almeida y a los dirigentes del Movimiento de Resistencia Cívica a una reunión en La Rinconada, sede en ese momento de la Comandancia General del Ejército Rebelde.
Lejos de allí, en la hospedería de El Cobre, en Oriente, donde Fidel Castro tenía uno de sus cuarteles provisionales, el jefe revolucionario celebraba consulta con sus comandantes. Había llegado al lugar a las dos de la madrugada, con el espíritu conturbado por la aprensión. Algo andaba mal. Presentía lo ocurrido y temía lo peor.
EL 31 de diciembre de 1958 sorprendió a la Comandancia General del Ejército Rebelde acampada en el batey del “Central América". Fidel, Celia, los comandantes Calixto García, Paco Cabrera y otros miembros del Estado Mayor estuvieron hasta tarde en Palma Soriano, rendido cinco días antes a las tropas del 26 de Julio.
Habían pasado dos años desde el histórico reencuentro de Cinco Palmas, aquel 18 de diciembre de 1956.Era imposible que al abrazarse otra vez con igual alegría —ahora en diciembre 17 del 58, en La Rinconada, Jiguaní, y tras nueve meses de separación—, los hermanos Fidel y Raúl no recordaran aquella coyuntura difícil después del desembarco del Granma.
Con mochilas y botas puestas acudieron cientos de miles de hijos e hijas del pueblo cubano a una de sus tierras ancestrales; era noviembre de 1975 y debían cumplir un deber sagrado en Angola. Los unía Carlota, una negra lucumí de la dotación del ingenio Triunvirato, de la provincia cubana de Matanzas, que en 1843 encabezó uno de los alzamientos contra la esclavitud, porque aquella misión solidaria que se extendería por 13 años de cruenta guerra, recibió en su honor el nombre clave de Operación Carlota.
El 23 de diciembre de 1958, como si en Cuba reinase paz y tranquilidad, la Fuerza Aérea del dictador Fulgencio Batista despachó en un vuelo con destino a Manzanillo, Guantánamo, Holguín y otras ciudades orientales tarjetas de Navidad y raciones especiales con vistas a la celebración de la Nochebuena.
La columna invasora Antonio Maceo salió de Yaguajay a las tres de la tarde del día de año nuevo. Abría la marcha un carro microonda capturado al enemigo. El comandante Cienfuegos ocupaba el asiento delantero, al lado del conductor. Detrás viajaban su ayudante, René López, el ingeniero Guillermo Díaz y el reverendo Modesto Amo, de los Padres Paules, quien en el decurso del combate permaneció junto a los rebeldes, sirviendo de enlace entre estos y la guarnición sitiada.
Un disparo de bazuca contra la Estación de Policía de Palma Soriano fue la señal que indicó el inicio del asedio rebelde a esa ciudad, a las 2 y 30 de la madrugada del 23 de diciembre de 1958, y que tras cinco días de cruentos combates terminaría con la conquista de la libertad.
Los hombres la reclamaban. Tenían la certeza de que llegaría, en algún momento, aunque fuera solo con 12 hombres. El amor a la libertad, diría uno de ellos llamado Ernesto, solo se iguala al odio por quien te la quita. En ella se refugia todo sentimiento humano de expansión, de conquista, de dignidad, como si el ahogo por no tenerla fuera demasiado asfixiante.
Con este título iremos publicando algunos de los momentos acontecidos en cada mes de 1959. Así, presentaremos las Perlas de Febrero en Revolución, de marzo hasta concluir en diciembre.