Leía hoy los cables del 11 de marzo. Seguían lloviendo informaciones sobre la crisis económica internacional. Esta vez habló el Premio Nobel de Economía Joseph Stiglitz, conocido economista, muy citado por la prensa y los medios académicos. La Agencia de Noticias francesa AFP habla de su declaración de ayer en la ciudad de Sao Paulo, Brasil. “El paquete estadounidense de rescate económico del presidente Barack Obama de más de 700 000 millones de dólares es ‘mucho mejor que la respuesta de Bush en el 2008’, pero ‘no es suficiente y la crisis será peor’.
La agencia de noticias británica Reuters, nada sospechosa de anticapitalista, publica ese día que: "América Latina crecerá sustancialmente menos este año, golpeada por una fuerte desaceleración o incluso recesiones en algunas de sus principales economías, tras años de bonanza marcados por alzas en los precios de las materias primas." 
Como se pudo apreciar, ese juego se habría ganado por knockout en siete innings, con 6 jonrones, dos de Cepeda, un récord en los Clásicos. Eso habría elevado el merecido prestigio del deporte cubano.   Me permito hacer la crítica porque se trata de tres atletas extraordinarios, con enorme vergüenza y confianza en sí mismos. Ellos saben que representan el deporte sano en esa lid mundial. Debo expresarlo con honestidad y admiración.
Si alguien toma esta síntesis y la lleva en el bolsillo, la lee de vez en cuando o se la aprende de memoria como una pequeña Biblia, estará mejor informado de lo que ocurre en el mundo que el 99% de la población, donde el ciudadano vive asediado por cientos de anuncios publicitarios y saturado con miles de horas de noticias, novelas y películas de ficción reales o falsas.
Lamentablemente lo que conozco sobre Pichirilo es de gran interés humano, pero sumamente poco, lo cual demanda de quien escriba sobre él un especial esfuerzo para reunir los datos pertinentes sobre la personalidad que en un brevísimo periodo de su vida conocí.
De repente recuerda con orgullo la cultura del pueblo maya. Me cuenta que los años de aquella cultura eran más exactos que los años del cristianismo occidental. “El mundo actual utiliza el sistema decimal, los mayas poseían un sistema veintesimal, dos veces más exacto”. Realmente, por primera vez en la vida había escuchado ese detalle, la ventaja de utilizar dos más cero en vez de uno más cero.
Lo conocí en República Dominicana cuando lo eligieron por primera vez como Presidente. Fue particularmente deferente conmigo. Habló de sus primeros esfuerzos por incrementar la capacidad de generar electricidad con mucho menos consumo de fuel oil, cuyos precios crecían rápidamente.
Los nuevos ministros que acaban de nombrarse fueron consultados conmigo, a pesar de que ninguna norma obligaba a los que los propusieron, a esa conducta, ya que renuncié hace rato a las prerrogativas del poder. Actuaron sencillamente como revolucionarios auténticos que llevan en sí mismos la lealtad a los principios.
Pasaré el día 15 atendiendo las noticias sobre el Referendo Popular que debe decir sí o no al derecho del líder bolivariano Hugo Chávez Frías a ser postulado nuevamente para la presidencia de la hermana República Bolivariana de Venezuela.
El monstruoso mundo de las injusticias que el imperialismo ha impuesto al planeta, marca el final inexorable de un sistema y de una era a la que no puede quedar mucho tiempo. Éste también se agota. Agradezcamos al compatriota venezolano su clarinada.
Por mi parte, seré siempre fiel al histórico pueblo que sacrificó tantas vidas a partir del 11 de septiembre de 1973, defendiendo las ideas inmortales del Presidente Salvador Allende y repudiaré hasta el último aliento de mi vida la política artera de Augusto Pinochet. ¿Pueden decir lo mismo la oligarquía chilena y los burócratas que desean limpiarla de toda responsabilidad?
Albergo sin embargo la seguridad de que en Venezuela la Revolución obtendrá la victoria, y en Chile vencerá definitivamente el ideal del socialismo, por el cual luchó y dio su vida Salvador Allende. De estos temas conversé con Michelle Bachelet, quien me hizo el honor de escucharme con interés, conversar cálidamente y expresar con amplitud sus ideas.