A medida que se desarrollaban los dramáticos combates en Cangamba observamos que las intenciones enemigas iban mucho más allá de una acción aislada.  En primer lugar, había que salvar a los internacionalistas cubanos y a los hombres de la 32ª brigada de las FAPLA.
Hace tres días, el viernes 10 de octubre, el mundo se estremecía bajo el impacto de la crisis financiera de Wall Street.  Se ha perdido la cuenta de los millones de dólares en billetes de papel que la Reserva Federal inyectó a las finanzas mundiales para que los bancos sigan funcionando y los ahorristas no pierdan su dinero.
“Por mucha discreción que se exija a quienes integran los Estados Mayores y las dotaciones de los puestos de mando, siempre se filtra algo de una acción de guerra que ya dura más de ocho días y ha mantenido en máxima tensión a cientos de hombres y mujeres a ambos lados del océano.
El comercio dentro de la sociedad y entre los países es el intercambio de bienes y servicios que producen los seres humanos. Los dueños de los medios de producción se apropian de las ganancias. Ellos dirigen, como clase, el estado capitalista y se ufanan de ser los impulsores del desarrollo y el bienestar social a través del mercado, al cual se rinde culto como dios infalible.
Toda la prensa internacional habla del huracán económico que azota al mundo.  Muchos lo presentan como un fenómeno nuevo.  Para nosotros no es nuevo, estaba previsto.  Prefiero abordar hoy otro tema actual de gran interés también para nuestro pueblo.
La producción y distribución de alimentos y materiales de construcción, reitero, tienen prioridad absoluta en estos momentos. No somos un país capitalista desarrollado en crisis, cuyos líderes enloquecen hoy buscando soluciones entre la depresión, la inflación, la falta de mercados y el desempleo; somos y debemos ser socialistas.
Cuba es un país donde la electricidad, en circunstancias normales, llega directamente al 98 por ciento de la población, existe un sistema único de producción y suministro de la misma, y se garantiza a los centros vitales en cualquier circunstancia a través de equipos electrógenos. Tan pronto se restablezcan las líneas de transmisión será de nuevo así. 
Kangamba es de los filmes más serios y dramáticos que vi nunca.  Fue a través de la reproducción de un disco en la pequeña pantalla de un televisor.  Tal vez mi juicio esté influido por recuerdos que no es posible olvidar.  Cientos de miles de compatriotas cubanos tendrán el privilegio de irlo presenciando en la pantalla grande.
El “capitalismo democrático” de Bush tiene una respuesta exacta: el socialismo democrático de Chávez. No habría forma más precisa de expresar la gran contradicción entre el Norte y el Sur de nuestro hemisferio, entre las ideas de Bolívar y las de Monroe.
En un breve discurso de 15 minutos, el Presidente de Estados Unidos afirmó cosas que en boca de cualquier adversario habrían sido calificadas de atroces y cínicas calumnias contra el sistema económico de su país, que él llamó “capitalismo democrático”.
Alrededor de 35 mil especialistas cubanos de la salud prestan servicios gratuitos o compensados en el mundo.  Adicionalmente, un número de jóvenes médicos de países como Haití y otros de los más pobres del Tercer Mundo laboran en su patria por cuenta de Cuba.  En el área latinoamericana fundamentalmente contribuimos con operaciones oftalmológicas que preservarán la vista a millones de personas.  Estamos, por otra parte, contribuyendo a la formación de decenas de miles de jóvenes estudiantes de medicina de otras naciones, en Cuba o fuera de Cuba.
La hipócrita oferta del gobierno de Estados Unidos fue rechazada.  Se le respondió lo que debía respondérsele. No vacilé en expresar mi punto de vista. La gusanera dentro y fuera de Cuba cacareó con la medida. Anhelaban que hiciéramos el bochornoso papel de limosneros. Pero ese combate no ha cesado y apenas comienza.