Se ha venido haciendo una tradición que en estos actos conmemorativos del glorioso hecho ocurrido el 13 de marzo de 1957, hace hoy la años, abordemos desde esta tribuna alguna cuestión de fondo sobre algún tema que interese a la Revolución y al pueblo.  Estos temas pueden ser muy variados, pero en general hemos analizado en estas ocasiones, cuando las circunstancias lo han exigido, algún tema de carácter internacional.
En 1961 el enemigo llevó a cabo, con la invasión mercenaria de Girón, uno de los tantos capítulos de su programa para destruir a la Revolución Cubana. No fue ni el primero ni el último intento. No había transcurrido mucho tiempo cuando de nuevo la política agresiva contra nuestra patria dio lugar a la Crisis de Octubre. No ha cesado un solo día en estos ocho años de Revolución. Contra nosotros ha ensayado todas sus armas inútilmente. Esos procedimientos han abarcado desde el sabotaje a nuestra economía, el bloqueo económico, la organización de bandas contrarrevolucionarias, desembarcos...
Esta Revolución se ha caracterizado no tanto por la propaganda que hace de las cosas que hace, como por las cosas que hace. Naturalmente que las cosas que la Revolución haga no tienen nada de extraordinario; las cosas que la Revolución hace constituyen un elemental deber de la Revolución.  Y desde nuestro punto de vista revolucionario, las cosas que la Revolución haga nunca serán suficientes, nunca serán tantas como las que el ambicioso espíritu de cualquier revolucionario desearía hacer; las cosas que la Revolución hace constituyen el trabajo, la razón de ser de la Revolución.
Y realmente, hoy vemos con toda claridad que aquella idea era una idea que habría correspondido perfectamente dentro de una sociedad capitalista. Porque en aquella sociedad capitalista era imposible desde todo punto de vista hacer con la tierra, desde el punto de vista técnico y productivo, lo que se puede hacer cuando se emplean con ese fin todos los recursos de la nación. Habría sido además, inicialmente, la más fácil de todas las reformas agrarias: tantos miles de caballerías, tantos campesinos u obreros agrícolas que están sin tierra. ¿A cómo se reparte? ¿A una caballería? No alcanza....
Se ha hecho todo lo que se ha podido en educación, se ha hecho todo lo que se ha podido para llevar la asistencia médica a los campos donde nunca iba ni por casualidad un médico: aparecían los politiqueros, los candidatos y toda aquella gente hablando veinte mentiras y veinte promesas, que desde que los oía cualquiera sabía que era una mentira descarada, pero nunca se vio un médico visitando los campos, nunca se vio un grupo de trabajadores de la salud pública vacunando contra las epidemias, contra el tifus, contra la poliomielitis.
Creo que podríamos empezar rectificando algunas de las cosas que son rectificables en este acto, como sería que viraran las sillas hacia acá y se arreglara eso (VIRAN LAS SILLAS).
Sin embargo, nosotros creemos que nuestro país, a pesar del bloqueo, a pesar de todas las maniobras, a pesar de todas las zancadillas, no solo ha sido capaz de defenderse de todas las intrigas políticas, de todas las maniobras, de todas las agresiones del imperialismo, sino que  —lo que es más interesante—, en medio de todo eso y quizás con sorpresa de los mismos imperialistas, que creían que nos iban a hundir, nuestro país en este momento está alcanzando un rápido y un impresionante ritmo de desarrollo.
Ustedes podrán ser llamados durante un tiempo con ese calificativo de trabajadores intelectuales.  Mañana, a esta hora, serán algo más que trabajadores intelectuales, algo más que trabajadores manuales.  Y algún día toda la sociedad participará en el trabajo intelectual, toda la sociedad participará en el trabajo manual. Uno se pregunta cómo puede ser que el trabajo intelectual no sea una especialidad; pero cuando se ve en la práctica que un hombre que trabaje intelectualmente puede hacer mucho, siempre hace menos que diez hombres, un técnico hace menos que diez técnicos, y diez...
No sabemos qué días nos esperan, qué vicisitudes, qué peligros, qué luchas.  Simplemente estamos preparados, y cada día tratamos de prepararnos más, y cada día nos prepararemos más.Pero una cosa podemos decirles:  que nos sentimos tranquilos, que nos sentimos seguros, y que esta pequeña isla será siempre como un peñón revolucionario de granito contra cuyas rocas se estrellarán todas las conjuras, todas las intrigas, todas las agresiones .  Y que sobre ese peñón revolucionario siempre ondeará una bandera que diga:¡Patria o Muerte!¡Venceremos!
El hombre tendrá que hacer todo lo necesario para incrementar la productividad por superficie, poner el máximo de las tierras o de la superficie en producción, aprovechar todos los recursos naturales, aprovechar todos los recursos de la ciencia; puesto que solo quienes no sean revolucionarios, quienes no tengan la menor idea de las posibilidades de la inteligencia y de la voluntad del hombre, podrán concebir un mundo en que la humanidad se muera de hambre.
Hay que decir que una vez más los Comités de Defensa de la Revolución se han superado a sí mismos, porque este acto de esta noche con relación a él solo se puede decir que es, sin duda, el más numeroso y el más organizado y, además, el más hermoso (APLAUSOS).
Che se ha convertido en un modelo de hombre no solo para nuestro pueblo, sino para cualquier pueblo de América Latina. Che llevó a su más alta expresión el estoicismo revolucionario, el espíritu de sacrificio revolucionario, la combatividad del revolucionario, el espíritu de trabajo del revolucionario, y Che llevó las ideas del marxismo-leninismo a su expresión más fresca, más pura, más revolucionaria. ¡Ningún hombre como él en estos tiempos ha llevado a su nivel más alto el espíritu internacionalista proletario!