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Céspedes, ímpetu y virtud desde las perspectivas de Martí y Fidel

Fecha: 

27/02/2024

Fuente: 

Cubadebate

Autor: 


"Nuestra Revolución es una Revolución, y esa Revolución comenzó el 10 de octubre de 1868”.
 
Fidel Castro Ruz, 10 de octubre de 1968

 
Dos hombres en su época personificaron el espíritu patriótico de Céspedes: José Martí en el siglo XIX, un líder visionario y precursor de la independencia; y Fidel Castro en la generación del Centenario, destacándose como un líder revolucionario que continuó el legado de lucha por la libertad y la soberanía de Cuba.
 
Hace 150 años, el 27 de febrero de 1874, en San Lorenzo, caía en combate el Padre de la Patria de todos los cubanos, Carlos Manuel de Céspedes.
 
Fue José Martí heredero consecuente de Carlos Manuel de Céspedes de quien dijera que “decidió, cara a cara de una nación implacable, quitarle para la libertad su posesión más infeliz, como quien quita a un tigre su último cachorro”.
 
En el discurso oficial al pueblo de Cuba al asumir la presidencia en abril de 1869, Céspedes lanza un llamado a la unidad de todas las fuerzas patrióticas:
 
“No desconozco la grave responsabilidad que he asumido al aceptar la Presidencia de nuestra naciente República. Sé que mis flacas fuerzas estarían lejos de hallarse a la medida si quedasen abandonadas a sí solas. Pero no lo estarán, y esta convicción es la que me llena de fe en el porvenir. Cuba ha contraído, en el acto de empeñar la lucha contra el opresor, el solemne compromiso de consumar su independencia o perecer en la demanda: en el acto de darse un gobierno democrático, el de ser republicana. Este doble compromiso, contraído ante la América independiente, ante el mundo liberal, y lo que es más, ante la propia conciencia, significa la resolución de ser heroicos y ser virtuosos. Cubanos: Con vuestro heroísmo cuento para consumar la independencia. Con vuestra virtud para consolidar la República. Contad vosotros con mi abnegación”.
 
Unos años después el 24 de febrero de 1895 se reanudaba la guerra de independencia en Cuba. La Guerra Necesaria de José Martí. Es precisamente esa fecha, uno de los momentos álgidos de la unidad revolucionaria cubana, es una fecha gloriosa de rencuentro y refundación, en medio de las dificultades que conlleva la lucha por la independencia.
 
Cuando Céspedes se levantó en armas Martí tenía 16 años, quien inspirado escribe su poema ­­¡10 de Octubre!, quien a pesar de su corta edad, apenas un adolescente, tomó partido por la Revolución. Enseguida divulgó que, al fin, el pueblo enfurecido peleaba por quitarse de encima “cuanto de negro la opresión encierra”.
 
Aproximadamente medio siglo después de iniciada la Guerra Necesaria, la generación del Centenario, encabezada por Fidel Castro asimilaba la ética, y el antimperialismo martiano como conceptos esenciales en el accionar revolucionario.
 
La fecha fue inspiradora para Fidel Castro y sirvió de guía para reiniciar la lucha revolucionaria. En su autodefensa ante los tribunales de la dictadura así lo reflejaría: “Se nos enseñó que el 10 de octubre y el 24 de febrero son efemérides gloriosas y de regocijo patrio porque marcan los días en que los cubanos se rebelaron contra el yugo de la infame tiranía”.
 
Para el Apóstol de Cuba y para el líder de la Revolución cubana, la unidad revolucionaria era una condición indispensable para alcanzar el poder revolucionario y desafiar al imperialismo en la defensa de la soberanía nacional. Con una clara estrategia de desarrollar la lucha armada, Fidel consolida la unidad entre diversas fuerzas revolucionarias, a pesar de las diferencias en criterios y conceptos.
 
En La Damajagua, junto con el grito de independencia o muerte, nace la única Revolución que ha conocido la tierra cubana, dedicada a la lucha por la libertad y la soberanía.
 
Las lecciones de Céspedes para Cuba

José Martí: “De Céspedes el ímpetu, y de Agramonte la virtud”. Foto: Archivo

Con una profunda perspicacia y una agudeza analítica excepcional, tanto Martí como Fidel se adentraron en la personalidad de Céspedes. Exploraron no solo sus acciones y decisiones, sino también su impacto en la Historia de Cuba y su papel en la gesta independentista, revelando así las lecciones y enseñanzas que su vida y acciones ofrecían para las generaciones futuras.
 
Martí al comparar las personalidades de Céspedes y Agramonte, determina: “De Céspedes el ímpetu, y de Agramonte la virtud. El uno es como el volcán, que viene, tremendo e imperfecto, de las entrañas de la tierra; y el otro es como el espacio azul que lo corona. De Céspedes el arrebato, de Agramonte la purificación. El uno desafía con autoridad como de rey; y con fuerza como de la luz, el otro vence”. A lo que Fidel aporta: “Aunque hubo también mucho de ímpetu en Agramonte y mucho de virtud en Céspedes. Y el propio Martí expresó en una ocasión, explicando la actitud de Céspedes, sus discrepancias sobre el aplazamiento del movimiento con otros revolucionarios, diciendo que “aplazar era darles tal vez la oportunidad a las autoridades coloniales vigilantes para echárseles encima””.
 
La relación entre Céspedes y Agramonte evidenciaba las discrepancias de pensamiento en medio de un sentido compartido de amor por la patria. Martí, al analizar la falta de éxito, no buscaba culpables ni justificaciones, sino que investigaba los choques de intereses dentro de los rebeldes como la causa fundamental de la división interna.

Eusebio Leal: “El Padre de la Patria dio inicio a la única y sola Revolución
que ha existido en nuestra tierra”. Foto: Néstor Martí

Eusebio Leal durante una entrevista explicaba: “José Martí, Apóstol de Cuba, realizó el análisis certero de aquella utopía democrática al reconocer que Céspedes no creía en una autoridad dividida pues “la unidad del mando era la salvación de la revolución; que la diversidad de jefes, en vez de acelerar, entorpecía los movimientos. Él tenía un fin rápido, único: la independencia de la patria. La Cámara tenía otro: lo que será el país después de la independencia. Los dos tenían razón; pero en el momento de la lucha, la Cámara la tenía segundamente””.
 
Fidel Castro resalta la magnitud del Padre de la Patria al asentar un importante precedente en la lucha por la libertad y la igualdad en Cuba, al expresar:
 
“No hay, desde luego, la menor duda de que Céspedes simbolizó el espíritu de los cubanos de aquella época, simbolizó la dignidad y la rebeldía de un pueblo —heterogéneo todavía— que comenzaba a nacer en la historia.
 
Fue Céspedes, sin discusión, entre los conspiradores de 1868 el más decidido a levantarse en armas. Se han elaborado algunas interpretaciones de su actitud, cuando en la realidad su conducta tuvo una exclusiva motivación. En todas las reuniones de los conspiradores Céspedes siempre se había manifestado el más decidido”.
 
(…) Lo que engrandece a Céspedes es no solo la decisión adoptada, firme y resuelta de levantarse en armas, sino el acto con que acompañó aquella decisión —que fue el primer acto después de la proclamación de la independencia—, que fue concederles la libertad a sus esclavos, a la vez que proclamar su criterio sobre la esclavitud, su disposición a la abolición de la esclavitud en nuestro país, aunque si bien condicionando en los primeros momentos aquellos pronunciamientos a la esperanza de poder captar el mayor apoyo posible entre el resto de los terratenientes cubanos”.
 
Para Fidel demostró una decisión firme y valiente que marcó el inicio de un movimiento revolucionario que cambiaría el rumbo de la Historia de Cuba: “Es incuestionable que Céspedes tuvo la clara idea de que aquel alzamiento no podía esperar demasiado ni podía arriesgarse a recorrer el largo trámite de una organización perfecta, de un ejército armado, de grandes cantidades de armas, para iniciar la lucha, porque en las condiciones de nuestro país en aquellos instantes resultaba sumamente difícil. Y Céspedes tuvo la decisión”.
 
La Revolución cubana ha enfrentado a lo largo de su historia grandes desafíos, tanto desde el exterior como desde el interior de la nación. Martí y Fidel, cada uno en su época, aprendieron de la historia precedente que la desunión había sido el factor determinante en la derrota de la nación cubana en el pasado. Conscientes de ello, advirtieron sobre la necesidad de preservar la unidad como pilar fundamental para el éxito de la Revolución.

Miguel Díaz-Canel Bermúdez: “Es imprescindible pensar en Céspedes,
en los hombres y mujeres que a su lado se convirtieron en próceres”.
Foto: Juvenal Balán

Miguel Díaz-Canel Bermúdez, durante el acto conmemorativo del Aniversario 150 del inicio de las luchas de independencia en La Demajagua el 10 de octubre de 2018, destaca la importancia de mirar hacia atrás y reflexionar sobre la figura de Céspedes para el modelo de sociedad que se debe construir en Cuba:
 
La Revolución es la misma. Y también son idénticos los desafíos: un asedio imperial desde afuera; una vocación anexionista de unos pocos desde dentro —de los que no creen que la Patria pueda levantarse con sus propias fuerzas— y como única salvación: la unidad.
 
Martí y Fidel lo vieron y advirtieron, cada uno en su tiempo. Ambos aprendieron, de la historia precedente, que sólo la desunión ha podido contra la nación.

 
Actualmente, cuando entre todos discutimos con qué traje vestir al modelo de sociedad que nos debemos, es imprescindible pensar en Céspedes, en los hombres y mujeres que a su lado se convirtieron en próceres y en todo lo que frustró sus sueños, tan cercanos a los nuestros. El quiebre de la unidad fue siempre la causa fundamental de las pérdidas y los retrocesos”.
 
Las lecciones que el Padre de la Patria legó a Cuba son fundamentales y perdurables en la historia de la nación. Enseñó con su determinación y valentía que es necesario enfrentar los desafíos con coraje y convicción. Su compromiso con la unidad resalta la importancia de trabajar juntos hacia un objetivo común, reconociendo la diversidad de opiniones y fomentando un liderazgo inclusivo que abrace a toda la sociedad. Las lecciones de Céspedes fueron de gran relevancia para Martí y Fidel, quienes reconocieron el ímpetu y la virtud que él encarnaba.