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Integrantes de la Ruta Juvenil 60 Aniversario del Desembarco del yate Granma revivieron la epopeya de los expedicionarios liderados por Fidel, para tejer el camino hacia la libertad definitiva.
Estos días he visto a más de un hombre llorar. Una mujer caer de rodillas. He visto velas, altares, flores en tu nombre, Fidel. Te he visto, como las estampas de los santos, adherido a la puerta, justo en el umbral de una casa. Y es que, no sé si el paisano de otra isla o de otro mundo lo entienda, pero los de aquí, los de esta tierra, los de mi generación y los que me antecedieron, nacimos venerándote a ti, al hombre que con apenas 30 años se fue a la Sierra a hacer una Revolución. Al fondo de cada uno de nosotros hay una historia, una impresión, una despedida, que no queremos callar.
«La tristeza reinó en todo el territorio palestino tanto como reinó en el pueblo de Cuba», expresó a Granma, en un breve pero emotivo contacto, Saleh Raafat, miembro del Comité Ejecutivo de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP).
«Fidel tuvo una extraordinaria vida donde defendió fuertemente la dignidad de su pueblo, de su patria, y de las causas de la libertad, de la justicia, de la razón, y de la paz en el mundo; donde ha sido un símbolo de lucha por la dignidad nacional y partidario de las justas causas de los pueblos», recordó Raafat.
Alberto Lescay, uno de los autores fundamentales del recinto, revela la especial prioridad que el líder de la Revolución le concediera al emblemático proyecto santiaguero.
De visita en los Estados Unidos para acompañar a su hijo y joven pintor, Alejandro, en la apertura de su exposición personal de denuncia al bloqueo titulada Vuelo directo, en el Centro de Estudios de Cuba, en Nueva York; así como para participar en la muestra colectiva de una galería de Miami dedicada a exponer el arte de la Isla, un mensaje paralizó a Alberto Lezcay Merencio.
Era el 31 de mayo de 1977, y en medio de la inauguración de las primeras 70 viviendas de la nueva comunidad, comenzó a llover. Plácido Rodríguez, el presidente de la CPA, estaba leyendo su discurso, pero cada vez que caía una gota, le borraba una palabra.
Entonces Fidel fue hasta él, le quitó el papel y le dijo, «verás que te queda mejor hablando».
Jesús Erasmo Yumar, uno de los campesinos que nunca olvidará aquel día, cuenta que entre la multitud había una viejita en silla de ruedas, que aunque no podía caminar, quiso ir a ver al líder de la Revolución.
La relación de amor, respeto y admiración que unió a Fidel y Raúl Castro transformó para siempre el destino de un país. ¿Qué hizo que estos dos revolucionarios decidieran andar de la mano por la vida?
Lo esencial es que siga germinando la semilla depositada por Fidel hasta en los que están por venir, con los abonos y aparejos que le vinieron a él de Martí y tantos conquistadores de la virtud patria a lo largo de siglos.
Hasta 1975 Angola no pasaba de ser para muchos cubanos un país remoto desde donde llegaba en imágenes esporádicas la doble cara de una cruda realidad: por un lado, la belleza inigualable de una tierra pródiga en recursos naturales y, por otro, las penurias de un pueblo sumido en la más extrema pobreza.
Los ojos del Doctor en Ciencias Emilio Castillo Corría empezaron a doler desde el pasado 25 de noviembre. Llanto y demasiadas horas frente a la televisión, pero con sus 73 años de mirar no pueden enmudecer ahora, y hasta ellos hablan de todas las veces que vieron de cerca al Comandante Fidel.
«Lo tuve junto a mí en varias ocasiones; pero la primera fue en 1971, durante mi graduación como ingeniero agrónomo pecuario, la única de esa especialidad que él presidió, pues luego se dividieron las materias.
La tristeza por la partida física de Fidel es aún mayor entre aquellos que lo conocieron más de cerca o intimaron con él gracias a diversas circunstancias. Ese el caso de Gaspar el «Curro» Pérez, conocido en el mundo deportivo como el Héroe de Quisqueya.
Fidel es Cuba porque el Comandante encarnó las esencias más profundas de la nación y la cultura. Después de los fundadores de la patria, enhebró en un mismo tejido, memoria y sueños, clave del misterio de la Isla perseguido siempre por los poetas.
Es 12 de agosto y la judoca Idalys Ortiz se convierte en la primera medallista de Cuba en los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro 2016, plata en la división de más de 78 kilogramos. La máxima exponente del judo femenino cubano de los últimos años alcanzaba así su tercer metal bajo los cinco aros, uno de cada color.