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Pasa julio y algunos días de agosto con ese sol incandescente que todo lo alcanza, así como tus ojos cubrieron cada parte del inmenso sueño de un país. Llegan estas fechas señaladas y no significa una meta o compromiso para volver a ti, para desempol-var tus palabras de algún baúl, es que siempre te quedas, caminas en las botas del campesino, en la pañoleta, en la punta de mis dedos tecleando cada letra.
Por la impresión que le causó a Fidel la naturaleza y cultura de la zona de Viñales, nacieron varias iniciativas después del Triunfo de la Revolución que hicieron a los Valles y sus mogotes un importante destino del turismo para Pinar del Río y el resto de Cuba.
Aquella idea del Líder de la Revolución Cubana es hoy uno de los atractivos turísticos más admirados por los visitantes que llegan a la isla. Y es que en Viñales, la interacción con la familia y la naturaleza engrandece la cultura de todos.
Fidel y la renta de casas en Viñales. 1959
Sobre la mirada profunda que caracterizaba al líder de la Revolución Cubana, en sus análisis sobre Estados Unidos, expresaría el premio nobel de literatura, Gabriel García Márquez: «El país del cual sabe más, después de Cuba, es Estados Unidos. Conoce a fondo la índole de su gente, sus estructuras de poder, las segundas intenciones de sus gobiernos, y esto le ha ayudado a sortear la tormenta incesante del bloqueo».
Era 13 de septiembre de 2004, el huracán Iván amenazaba la zona occidental de Cuba, el peligro era inminente y ante su proximidad, llegó Fidel.
En la sede del Consejo de Defensa Provincial, saludó a los periodistas, casi todas mujeres y hasta tuvo una broma con María del Carmen Concepción, Presidenta del Consejo de Defensa Provincial, por esa fecha.
Fidel insinuaba que como ella era una mujer, se hacía acompañar también de mujeres periodistas.
En esto de inventar informes y recibir dinero por esa función, siempre existe algún impostor o mercenario que se presta para poner en blanco y negro las más groseras mentiras.
Para ello solo hacen falta dos factores: que Estados Unidos pague y que aparezcan uno o varios con apetito de limosnas, dispuestos a cumplir la tarea.
A 93 años del nacimiento de uno de los más grandes hombres de la humanidad, su legado late en el palpitar de Cuba. El 26 de Julio en Bayamo fue una muestra
Alrededor de dos centenares de niños de diferentes lugares de la capital, en su mayoría de la comunidad de Cayo Hueso, celebraron el aniversario 93 del natalicio del Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz, a través de una jornada de festividad organizada por la Central de Trabajadores de Cuba y el Museo de los Trabajadores Palacio de los Torcedores, enclavado en las calles San Miguel y Marqués González, Centro Habana.
Dos grupos había en la sala de prensa de los juegos panamericanos en Lima que se distinguían del resto. Siempre eran más de cuatro, se sentaban cerca, bromeaban, casi siempre con los decibeles disparados. Eran Cuba y Colombia. Desde el primer día las corrientes del mar Caribe produjeron un místico abrazo de ambos bandos, y luego, el partido de béisbol nos unió aún más.
Han trascurrido casi 32 años de aquel verano en que se inauguró una sala de computación en el Pabellón Cuba cuya positiva recepción entre niños y jóvenes inspiró dos meses después a extender lo que comenzó como una experiencia recreativa. Surgían así los Joven Club de Computación y Electrónica, la red comunitaria creada por el Comandante en Jefe Fidel Castro, con su visión de hacer partícipes de una de las áreas más avanzadas del conocimiento a amplios sectores del país, y sobre todo a su joven generación.
No bastaba mi insistencia, pero cuando le dije que quería conversar sobre Fidel, la Doctora en Ciencias Pedagógicas Licet Veitía Medero, como movida por un resorte, detuvo el accionar de la escoba y accedió gustosa al diálogo.
La lectura fue una de las grandes pasiones de Fidel; sobre ese hábito adquirido desde la etapa escolar, dijo en una ocasión que se fascinó primero por los grandes héroes de la antigüedad, por los grandes mitos de la historia universal: Aníbal, Alejandro, César, Napoleón…
Qué tiene Fidel que está en todas partes. Lo vemos cada día en lo alto de las palmas, la sonrisa de un anciano, la obra que termina, el artista que se inspira, la calle por donde caminamos.
Está, asimismo, en la alegría del niño que, aunque no lo conoció, escucha mencionar su nombre, en la esperanza de un pueblo, en las franjas de una bandera, en el pecho de un joven o en lo alto de una colina.