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Si observamos el doloroso escenario mundial mientras galopa indetenible esta pandemia, segando miles de vidas; dejando cadáveres insepultos a la intemperie, sin espacio en funerarias y cementerios privados; obligando a los galenos a la antihipocrática opción de escoger quién debe morir abandonado; sumiendo en el desempleo a decenas de miles de trabajadores; deteniendo el insensato fragor comercial de este, un mundo que ya nunca podrá parecernos tan ancho y ajeno, y tensando hasta el colapso los sistemas sanitarios y de salud en cualquier oscuro rincón del planeta, no
“Me arrancaron de Cuba, pienso que es como arrancar un árbol joven de la tierra. Uno puede oír cómo la raíz se quiebra y así fue. Uno deja a la familia, los amigos, la escuela, su país, su idioma, las raíces de uno se rompen, se estiran y se rompen. Uno deja lo que ha conocido, la cultura, los amigos, las costumbres, todo se deja detrás”.
Ed Canler. Empresario. El 20 de septiembre de 1961 salió de Cuba. Fue ubicado en un orfanato de Lansing, Michigan. Visitó Cuba por primera vez en 1994.
El más elemental sentido de humanidad debería constituir un freno a la soberbia y al egoísmo en medio de una pandemia que ha causado miles de muertes. Pero no está en la naturaleza del imperialismo ser magnánimo, por encima de cualquier valor domina el deseo de ejercer su poder para dominar al mundo.
Aprovecha las circunstancias para obtener, mediante el hambre y la enfermedad, lo que de ninguna otra forma han logrado en más de 60 años de riguroso bloqueo económico, financiero y comercial.
Mientras los médicos cubanos llegan a Italia para ayudar a nuestros trabajadores de la salud, el embargo bloquea la llegada de respiradores y ventiladores artificiales a Cuba. Alzamos la voz y detengamos el bloqueo.
El sistema de salud cubano es uno de los mejores del mundo, tiene mejores resultados que muchos "potencias", por ejemplo, la tasa de mortalidad infantil más baja que en los Estados Unidos, la mayor esperanza de vida en toda América Latina.
A 59 años de la proclamación del carácter socialista de la Revolución, el pueblo cubano recuerda el hecho con más unidad y conciencia en el momento histórico que vivimos.
El 16 de abril de 1961, el Comandante en Jefe Fidel Castro habló ante un pueblo congregado en la céntrica esquina de 23 y 12, en la capitalina barriada del Vedado.
Si observamos el doloroso escenario mundial mientras galopa indetenible esta pandemia, segando miles de vidas; dejando cadáveres insepultos a la intemperie, sin espacio en funerarias y cementerios privados; obligando a los galenos a la antihipocrática opción de escoger quién debe morir abandonado; sumiendo en el desempleo a decenas de miles de trabajadores; deteniendo el insensato fragor comercial de este, un mundo que ya nunca podrá parecernos tan ancho y ajeno, y tensando hasta el colapso los sistemas sanitarios y de salud en cualquier oscuro rincón del planeta, no
Resulta recurrente, aún después de 59 años, que se pretenda culpar al expresidente de Estados Unidos, John F. Kennedy, por la derrota de la invasión mercenaria a Cuba por Playa Girón.
Desde ese mismo instante, abril de 1961, se cuestionó en los propios Estados Unidos el pretendido uso limitado que dio el entonces mandatario estadounidense a la aviación y la marina de guerra del país norteño.
El 19 de abril de 1961 en las arenas de Playa Girón, un ejército de pueblo o un pueblo en armas, como prefiramos llamarle, derrotaba de manera aplastante la invasión minuciosamente preparada por el gobierno de los Estados Unidos. La victoria de Playa Girón ha pasado a la historia como la “primera gran derrota” del imperialismo yanqui en América.
Queridos hermanos de sangre, de vida y alas cubanas:
Cada 17 de abril, la primera llamada del día de todos los Carreras fue necesariamente a nuestro padre. Después de su partida física, lo hemos hecho entre nosotros.
Los hombres podemos caer, pero las ideas no, dijo Fidel en Maisí, el 19 de abril de 1970, ante los caídos en el enfrentamiento a una expedición mercenarios.
Si observamos el doloroso escenario mundial mientras galopa indetenible esta pandemia, segando miles de vidas; dejando cadáveres insepultos a la intemperie, sin espacio en funerarias y cementerios privados; obligando a los galenos a la antihipocrática opción de escoger quién debe morir abandonado; sumiendo en el desempleo a decenas de miles de trabajadores; deteniendo el insensato fragor comercial de este, un mundo que ya nunca podrá parecernos tan ancho y ajeno, y tensando hasta el colapso los sistemas sanitarios y de salud en cualquier oscuro rincón del planeta, no