El 5 de diciembre de 2013, a los 95 años de edad, falleció Nelson Mandela, un hombre que, según calificó el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz, «dedicó su vida al servicio de su pueblo y de la humanidad».
En un mensaje que el líder histórico de la Revolución Cubana le hiciera llegar, con motivo del cumpleaños 90 del dirigente sudafricano, terminó exaltándolo:
«¡Gloria a ti, Nelson, que desde 25 años de cárcel solitaria defendiste la dignidad humana!
Si el Ojalá de Silvio Rodríguez ya hubiera estado de moda, «el cartelito de copión nadie me lo quita ese día», calcula Jaime González. «El deseo de Fidel me sacó la frase a todo volumen».
Ya es octogenario este caraqueño. Pero no había cumplido los 20 años el 23 de enero de 1959, cuando estuvo en la multitud que acudió, primero al aeropuerto de Maiquetía a recibir al líder cubano, y horas después a escucharlo en Caracas, en una Plaza del Silencio olvidada de su nombre ese día, con los vítores de más de 300 000 gargantas para quien había llegado a suelo bolivariano.
Ni un océano por medio puede hacer que Cuba mire con indiferencia la injusticia sobre los pueblos hermanos, como ha considerado siempre, por razones de sangre y humanidad, a las naciones de África. Tan oprobioso allí fue el régimen del apartheid, que fue a asistirlos en la guerra contra la invasión racista.
La vocación de Cuba bien puede decirse así: «Si eres neutral en situaciones de injusticia, es que has elegido el lado opresor».
Cuando nació, el 14 de diciembre de 2004, la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA) concebida por Fidel y Chávez, se concretaba un proyecto cimentado en el pensamiento de esos dos grandes hombres y, además, en los principios que ya la Revolución Cubana había puesto en práctica, de hacer de la solidaridad una bandera de combate con la que los pueblos se lanzaran a alcanzar la verdadera independencia.
Fidel como discípulo de José Martí, a 22 días del triunfo revolucionario de 1959, y en su primera visita a Caracas, exponía un pensamiento integracionista, válido para hoy y para todos los tiempos:
«Quiero que el concepto patria tenga mayor alcance, que al decir patria nos estemos refiriendo a la gran América que componen nuestras pequeñas patrias».
Quedaba muy claro que el visionario Fidel pensaba y se proponía construir esa Patria grande, sueño frustrado durante más de cien años de colonia y república mediatizada.
He tratado de buscar alguna fórmula que sintetice al Fidel Castro que ahora cumple 92 años, que sigue junto a nosotros y cuya impronta abarca cada acción de la vida, cada sector de la sociedad, a amigos –y hasta enemigos–, a viejos y jóvenes, a médicos y enfermos, a jefes de Estado y a desamparados de este mundo.
Desde Guantánamo hasta Pinar del Río, Isla de la Juventud, La Habana, por todo el país; en plazas de capitales y pueblos, un líder imprescindible siempre estuvo presente en los actos por este Primero de Mayo: Fidel. En pancartas con su foto y sus ideas expresadas a lo largo de más de cinco décadas. En la mención obligada de su accionar cuando desfilaban los trabajadores del Polo Científico creado por él; o los de una fábrica, un hospital, un consultorio de médico de la familia, una escuela o una cooperativa agropecuaria.