“(…) para nosotros la solidaridad no es simplemente una hermosa idea, un bello concepto que se expresa, sino algo real que nosotros hemos tenido sobradas oportunidades de comprender en nuestra experiencia revolucionaria”.
“Nosotros sabemos apreciar y tenemos muchas razones para comprender el valor de la solidaridad, puesto que como revolucionarios nos vimos enfrentados a una tarea ardua y difícil, que fue la de llevar a cabo nuestra Revolución en las puertas mismas del imperio yanki”.
¡Solo en nuestras manos hay el valor de luchar, el entusiasmo y la fe de luchar frente a todos los obstáculos, hay la voluntad de crear, hay el propósito de triunfar!
“(...) lo vi realizar el primer disparo y sus primeras proezas. Médico e intelectual convertido en soldado temerario, siempre el primero cuantas veces hizo falta un voluntario para misiones difíciles, tuve el privilegio de conocerlo más de cerca”.
“Este es un proceso revolucionario, y que todo proceso revolucionario es un proceso difícil, es un proceso complejo, es un proceso delicado, con el que no puede jugarse; es un proceso que hay que tratar con inteligencia, que hay que tratar con extraordinaria responsabilidad.”
“Una revolución implica cambios, cambios que necesariamente chocan con el estado social existente, con los intereses existentes, y naturalmente que concita contra sí toda una serie de fuerzas poderosas: las fuerzas de los que han estado detentando el poder y los privilegios, las cuales lógicamente tratan de defender por todos los medios posibles esas ventajas que han estado disfrutando, no se resignan tranquilamente a perderlas”.
“Considero que en estos momentos la propaganda es vital; sin propaganda no hay movimiento de masa y sin movimiento de masas no hay revolución posible”.
“Por primera vez en nuestra historia el pueblo se siente dueño de sus propios destinos; por primera vez en nuestra historia, el pueblo está viendo realizar aquellas cosas por las cuales ha estado clamando puede decirse que desde hace más de un siglo, y como el pueblo está consciente de esa batalla, del minuto que está viviendo”.
“En nuestros corazones no hay odio hacia el norteamericano, como no hay temor hacia los poderosos, como no hay temor a los que han querido destruirnos, y sabremos ser amigos con la misma dignidad con que hemos defendido nuestra causa, nuestra justicia, nuestra Revolución”.
“A nuestro país, en su condición de Estado revolucionario, le resulta posible consagrar una gran parte de la batalla a esa lucha por el futuro, a esa lucha contra la globalización neoliberal que nos aplasta a todos y que amenaza con aplastarnos a todos. No es la lucha contra la globalización como fenómeno inexorable; es la lucha por una globalización humana y una globalización justa”.