• Al amanecer, discute con Faustino Pérez y Universo Sánchez  la posibilidad de salir a buscar el personal disperso con el fin de reagruparlo. Comprende lo inútil del intento en esas condiciones y confía en que todos aquellos que hayan logrado escapar cumplirán su orden de marchar hacia la Sierra, donde el reagrupamiento será más factible.
  • Tras una fuerte discusión, por estar convencido de que deben continuar moviéndose dentro del monte, decide malhumorado comenzar a caminar nuevamente por los cañaverales, como insistía Faustino, apoyado por Universo Sánchez. Son detectados en los cañaverales por la aviación batistiana, que los hostiga incesamente. Logran esconderse en un área de caña más alta y cerrada, donde se hunden en la paja. Permanecen allí el resto del día.
  • El sueño lo vence por el agotamiento físico. Antes de dormirse, asegura la culata del fusil entre sus piernas dobladas, le quita el seguro al arma, oprime ligeramente con el dedo el primero de los dos gatillos y apoya la punta del cañón debajo de la barbilla. Si el enemigo lo sorprende, no dejará que lo capturan vivo como le ocurrió después del Asalto al Cuartel Moncada.
  • Al anochecer avanzar hacia el este hasta un cañaveral más crecido y vuelven a sumergirse en la paja. Han caminando alrededor de 1 Kilómetro por dentro de la caña y la maleza y no han comido ni bebido nada en todo el día.
  • Junto a Faustino y Universo pasan el día sin moverse del cañaveral. Saben que mientras no delaten su presencia es muy improbable que los guardias se decidan a registrar el interior de los cañaverales. Fidel no ha disipado el regusto amargo que le ha dejado la dispersión y el revés sufrido hace dos días; pero su voluntad de seguir adelante, de llegar a la Sierra e iniciar la lucha siquiera con tres hombres, dos armas y menos de 150 balas, se reafirma a cada instante.
  • Es un día terrible para casi una veintena de expedicionarios que son capturados y asesinados por la tiranía. Entre ellos José Smith Comas, Ñico López, Cándido González, Miguel Cabañas, Tomas David Royo, Armando Mestre, Luis Arcos, José Ramón Martínez, Andrés Lujan, Jimmy Hirzel y Miguel Saavedra (quien fue capturado el día anterior).
  • Fidel no conocerá el trágico destino de estos compañeros hasta pasados varios días. Juntos a Faustino y Universo resiste y espera en el cañaveral, multiplicando la vigilancia y el cuidado. A pesar de las penalidades a que se halla sometido, en su inalterable voluntad de supervivencia para la lucha no caben el abatimiento y la desesperación que han llevado a algunos expedicionarios capturados a la rendición o a la muerte.
  • Días después del desembarco del Yate Granma, la agonía entre la caña prosigue. No pueden moverse del lugar por el tenaz acecho de una avioneta del ejército. Apenas pueden hablar en susurros. El hambre los retuerce tras cuatro días sin alimentos, solo con el jugo de unos pocos tallos de caña.
  • Al quinto día después del combate de alegría de Pío y la dispersión, la actividad del enemigo ha decrecido. Decide que ha llegado el momento de iniciar la marcha hacia la Sierra. Cuando cae la noche comienza a avanzar con Faustino y Universo, en fila, separados uno de otro, con la mayor cautela. Avanzan unos cuatro kilómetros en dirección nordeste, orientándose por las estrellas y el instinto.
  • Junto a Faustino y Universo pasa el día nuevamente ocultos entre la caña. Al anochecer reinician el avance con las mismas precauciones de la noche anterior. Llegan hasta el alto de La Conveniencia, cerca del río Toro, que marca el comienzo de la Sierra Maestra.
  • Durante toda la madrugada y parte del día, bajo un aguacero intermitente, Fidel y sus compañeros se turnan en la observación de una casa que está a unos 200 metros.
  • A las 4:00 p.m., a no observar nada sospechoso, le ordena a Faustino que baje hasta la casa a buscar información y que pida comida para veinte a veinticinco hombres a fin de desorientar con relación al tamaño del grupo expedicionario.
  • Al rato se reúnen todos en la casa, donde vive el campesino Daniel Hidalgo y su esposa Cata Coello. Al conocer quienes han llegado, le ofrecen sin vacilación lo poco que tienen. Los combatientes sacian su hambre vieja con lechón y vianda y toman agua por primera vez en siete días. Los campesinos le informan lo que han oído decir sobre el desembarco y los crímenes que han cometido los guardias con los expedicionarios.
  • En la noche, los combatientes prosiguen la marcha guiados por un amigo de Daniel Hidalgo. Atraviesan el arroyo Maicito y el río Toro; suben por la loma del Copal hasta la loma de la Yerba.
  • Temprano en la mañana, los combatientes del grupo de Fidel bajan hasta la casa donde viven los hermanos Rubén y Walter Tejeda, quienes son parte de la red de recepción preparada por Celia Sánchez y organizada por Guillermo García y Crescencio Pérez. Permanecen allí unas tres horas.  Los campesinos les ofrecen leche y viandas.
  • Con la guía de Rubén Tejeda y Eustiquio Naranjo avanzan los combatientes hasta El Plátano, a la casa de Enrique Verdecia, donde comen algo y continúan camino hasta la finca de Marcial Areviches, donde establecen campamento, tras haber caminado más de diez kilómetros.
  • Son contactados por Adrián García, padre de Guillermo García, quien les trae arroz con guanajo, pan, leche y café.
  • Esa misma tarde aparecen diez jóvenes del lugar que vienen dispuestos a incorporarse a la tropa. El jefe rebelde les promete aceptarlos cuando la tropa esté reagrupada y organizada.
  • A la 1:00 a.m. llega a la finca de Areviches el campesino Guillermo García, quien se encuentra con Fidel en el campamento del pequeño grupo de combatientes, cerca del arroyo Limoncitos.
  • Guillermo le explica detalles de las medidas que habían tomado para recibir la expedición y le informa los nombre de algunos de los expedicionarios asesinados y capturados y de los que han establecido contacto con los colaboradores campesinos.
  • En el día, Guillermo García con Ignacio y Baurel Pérez - hijo y sobrino de Crescencio Pérez - guían a los tres expedicionarios hasta la finca La Emilia, donde descansan un rato. Prosiguen hasta La Manteca, a la finca de Pablo Pérez, donde deciden acampar en espera de la oportunidad de cruzar la carretera de Pilón. Guillermo sale en busca de comida y para continuar localizando a los expedicionarios dispersos.
  • Es capturado Juan Manuel Márquez en Estacadero y es asesinado esa misma noche cerca de San Ramón. Hasta ese día, la tiranía ha logrado capturar a 17 expedicionarios. Otros 21 han muerto, la mayoría asesinados a mansalva por los esbirros.
  • A las 8:00 p.m. ordena reiniciar la marcha guiados por los mismos tres prácticos del día anterior. Guillermo García había regresado en la tarde con la feliz noticia de que ha establecido contacto con un grupo de expedicionarios que encabeza Juan Almeida. Caminan sin descanso toda la noche por más de 30 km. Cruzan la carretera de Pilón, atraviesan riachuelos, montes, potreros y sembrados, hasta llegar a la cima de la loma de la Nigua, donde acampan.
  • Temprano en la mañana Fidel y sus acompañantes descienden de la loma de la Nigua hasta la finca de Mongo Pérez en Cinco Palmas, donde establecen campamento para reponer sus gastadas energías.
  • Guillermo García e Ignacio Pérez parten con la encomienda de Fidel de hacer contacto con otros grupos de expedicionarios y recoger la mayor cantidad de armas que hayan podido quedar abandonadas.
  • Durante todo el día junto a Faustino y Universo permanecen en el cañaveral de la finca de Mongo Pérez. La jornada sirve para reponer energías y conocer las noticias que Mongo les da sobre la suerte de los expedicionarios.
  • Envía con Mongo un mensaje a Crescencio Pérez para que baje lo antes posible de Manacal a Cinco Palmas.