• Entre este día y el 23 de julio se procede a la selección y movilización de los combatientes que participarán en las acciones combativas en Bayamo y Santiago de Cuba.
  • Trabaja junto a Raúl Gómez García en el Manifiesto del Moncada, que se conocerá como Manifiesto a la Nación.
  • Viaja junto a la mayor parte de los combatientes en autos hacia Santiago de Cuba. Algunos salen en ómnibus y tren. Hacen paradas en Santa Clara, Bayamo y Palma Soriano.
  • Llega a Santiago de Cuba.  En una casa del centro de la ciudad recibe junto a Abel Santamaría a los combatientes que han llegado desde La Habana y les comunica a cada uno que habrá una acción combativa.  Sólo unos pocos se arrepienten de tomar parte en el plan revolucionario.
  • A las diez de la noche llega a la Granjita Siboney y reúne a los combatientes antes de ir a dormir.  En sus palabras señala: “Compañeros, podrán vencer mañana o ser vencidos, pero de todas maneras este movimiento triunfará.  Si vencen mañana será lo que aspiró Martí, si no, el gesto servirá de ejemplo al pueblo de Cuba (….) como en el 68 y el 95 aquí en Oriente damos el primer grito de Libertad o Muerte”.
  • A las 3:00 a.m. despierta a la tropa y organiza los grupos para el combate.  Se lee el manifiesto del Moncada, redactado por Raúl Gómez García, bajo la orientación de Fidel, y el poema “Ya estamos en Combate”, del propio Gómez García. Entonan el Himno Nacional.
  • A las 4:45 a.m. salen los combatientes en 16 autos hacia la ciudad con el objetivo de tomar el Cuartel Moncada, el Hospital Civil “Saturnino Lora” y el Palacio de Justicia.
  • A las 5:15 a.m. comienzan simultáneamente los asaltos a los cuarteles Moncada, en Santiago de Cuba, y Carlos Manuel de Céspedes en Bayamo.
    La acción, prevista como el detonante de una insurrección popular contra la dictadura batistiana, fracasa en el plano militar por razones fortuitas pero constituye un gran golpe político a la tiranía y un factor movilizador del pueblo para la lucha.  Muchos de los asaltantes son hechos prisioneros por fuerzas de la dictadura y posteriormente asesinados.
  • Ante el fracaso de la operación, ordena la retirada hacia la Granjita Siboney donde se reúnen unos 36 combatientes.
  • Junto a 18 de los sobrevivientes se internan en las montañas por la zona de la Gran Piedra, divididos en subgrupos, para continuar la lucha armada.
  • Llega a un bohío en las montañas donde oye indignado en un pequeño radio de baterías las palabras del tirano Batista, llenas de mentiras y odio, sobre los acontecimientos del día anterior.

  • Toma la decisión de separar al grupo de combatientes que lo acompañan y envía a 6 de ellos hacia Santiago de Cuba, para ser protegidos por la Iglesia.
  • Es sorprendido por fuerzas de la tiranía en el lomerío de la finca Mamprivá junto a Oscar Alcalde y José Suárez.  El jefe de la tropa militar 2do teniente Pedro Sarría les salva la vida al entregarlos en el Vivac de Santiago de Cuba y no en el Moncada como lo ordenaron. Sarría detiene el intento de asesinar a los combatientes con la histórica frase: "Las ideas no se matan".
  • En hojas de libreta rayada escribe una carta a su hermano Ramón en la que afirma “(…) no sufro ningún genero de arrepentimiento, en la más completa convicción de que me sacrifico por mi patria y cumplo con mi deber, eso indiscutiblemente es un gran estímulo. Más que mis penas personales, me entristece el recuerdo de mis buenos compañeros que cayeron en la lucha”.
  • Envía carta a su hermano Ramón en la que muestra su preocupación por el estado de ánimo de sus padres y su compresión de los acontecimientos: “¿Están tranquilos? ¿Comprenden que estoy preso por cumplir con mi deber? Ignoro cuál será mi destino definitivo cuando termine el juicio, pero pienso que de todos modos podemos vernos después…”
  • Se realiza la primera sesión del juicio contra los asaltantes al Moncada entre un centenar de ametralladoras y bayonetas.  Fidel asume su propia defensa y es sometido a dos horas de interrogatorio. Lina Ruz asiste a la vista y logra abrazar a sus hijos.