Puede decirse sin temor a dudas que un 98% del pueblo apoya la Reforma Agraria; que quizás nunca una medida contó con tan unánime apoyo del pueblo; que quizás nunca pudo decirse que una Ley era cabal expresión de la absoluta mayoría del pueblo como lo es la Ley de Reforma Agraria. 
Ha tenido el Gobierno Revolucionario que enfrentarse, uno tras otro, a intereses muy poderosos contra ninguno de los cuales se habían atrevido los gobiernos anteriores.  Y ese examen demuestra una cosa, hemos sido honrados; demuestra una cosa, hemos estado preocupados de un solo punto y de un solo objetivo:  satisfacer cuanto antes las necesidades de nuestro pueblo.¿Quiere decir eso que es justo que se perturbe al Gobierno Revolucionario?  ¿Que es justo que por alguna razón se nos impida continuar adelante ordenadamente con nuestros planes?
Desafiando la inclemencia del tiempo, la hora y todas las circunstancias que hacen difícil en estos instantes un acto de pueblo, estimamos que estos compañeros que hemos venido a enterrar en la tarde de hoy, bien merecen incluso que nos mojemos para rendirles el justo tributo que se ganaron con su sacrificio.Para nosotros, que nos sentimos tan vinculados a este grupo de expedicionarios, con quienes han coincidido una serie de similitudes, este acto de hoy nos trae a la mente un cúmulo de recuerdos relacionados con los momentos más cruciales de la lucha contra la tiranía.
No debería ser necesario en absoluto que los dirigentes del periodismo, que periodismo no quiere decir empresa sino periodismo, porque empresa quiere decir negocio y periodismo quiere decir esfuerzo intelectual, quiere decir pensamiento; y si por algún sector la libertad de prensa ha de ser apreciada es, precisamente, no para el que hace negocio con la libertad de prensa, sino para el que gracias a la libertad de prensa escribe, orienta y trabaja con el pensamiento y por vocación, haciendo uso de ese derecho que la Revolución reconquistó para el país y que la Revolución mantiene para el país...
Una revolución implica cambios, cambios que necesariamente chocan con el estado social existente, con los intereses existentes, y naturalmente que concita contra sí toda una serie de fuerzas poderosas: las fuerzas de los que han estado detentando el poder y los privilegios, las cuales lógicamente tratan de defender por todos los medios posibles esas ventajas que han estado disfrutando, no se resignan tranquilamente a perderlas.
Dicen hoy que la reforma agraria es una ley que suprime el derecho de propiedad, sencillamente porque quiere que el pueblo también tenga derecho a la propiedad, y, sin embargo, vieron impunemente cómo las propiedades de la nación, las tierras de la nación, caían en manos extranjeras; vieron tranquilamente cómo se desfalcaban los recursos de la nación durante muchos años, gobierno tras gobierno; vieron cómo se saquearon los retiros obreros, vieron cómo se saqueaba el tesoro público, hurtándole al pueblo el dinero de los hospitales, de las escuelas, de las obras públicas; vieron cómo aquí no...
Estamos presenciando un momento singular de nuestra historia.  Ni nuestros antepasados, ni las generaciones que nos precedieron, y es posible que ni aun las generaciones venideras lleguen a contemplar un momento tan formidable como el que está viviendo el pueblo de Cuba en estos instantes.  Es posible que nunca más se vuelvan a producir estas manifestaciones de entusiasmo y de fe; nunca antes, y es posible que nunca después se vuelvan a producir en nuestra patria concentraciones tan gigantescas de pueblo. 
Nosotros hemos ido convirtiendo las fortalezas en escuelas, porque para eso tenemos todas las montañas y todos los campos de Cuba.  Es decir que la Revolución mientras más cuarteles convierta en escuelas más fuerte está, porque la defensa de la Revolución no está en los cuarteles:  ¡La  defensa de la Revolución está en el pueblo!
Nosotros estamos conscientes de todos los obstáculos que tenemos delante; de todas esas cosas nosotros estamos conscientes. Pero aquí sí quiero hacer un pronunciamiento definitivo. Cuba no aceptará jamás, absolutamente nada que lesione un ápice su soberanía y su dignidad. Ningún pueblo y ninguna organización del mundo tiene derecho a ningún tipo de medida que pueda lesionar en un ápice nuestra soberanía y nuestra dignidad, porque habría que ver qué derecho le pudiera asistir a nadie, a ninguna nación del mundo, a ninguna organización para intervenir, con ningún pretexto en los asuntos...
Esas cosas, en los primeros instantes, en medio de las cortinas de humo y del confusionismo que esos intereses trataron de sembrar, no se veían claramente, pero una vez más esa fe que nosotros tenemos en la inteligencia de nuestro pueblo y en la opinión pública de nuestro país ha sido premiada con el éxito, y en estos momentos puedo decir que, como en ningún otro anteriormente, creemos que el pueblo de Cuba está bien orientado sobre estas cuestiones y firmemente al lado de la Revolución.
Cuba conoce sus penas, sus dolores, sus causas y sus remedios; Cuba conoce su historia; Cuba conoce su pasado remoto y reciente, conoce su presente y sabe lo que busca y lo que quiere.  No es desgraciadamente esa la situación con respecto a nuestros pueblos hermanos de América, y cada uno de los delegados aquí presentes, por su propia experiencia personal, podría atestiguar la triste realidad de lo que se está haciendo en el extranjero con nuestra Revolución.