Imaginé a Obama, buen articulador de palabras, para quien, en su búsqueda desesperada de la reelección, los sueños de Luther King distan a más años luz que la Tierra del planeta habitable más cercano. Peor aún: cualquiera de los congresistas republicanos presidenciables, o un líder o lideresa del Tea Party carga más armas nucleares en sus espaldas que ideas de paz en su cabeza.
Los que acostumbran a leer las noticias y análisis internacionales serios, conocen cómo los riesgos del estallido de una guerra con empleo de armas nucleares se incrementan a medida que la tensión crece en el Cercano Oriente, donde en manos del gobierno israelita se acumulan cientos de armas nucleares en plena disposición combativa, y cuyo carácter de fuerte potencia nuclear ni se admite ni se niega. Crece igualmente la tensión en torno a Rusia, país de incuestionable capacidad de respuesta, amenazada por un supuesto escudo nuclear europeo.
Mientras Israel creaba aceleradamente un arsenal nuclear, atacó y destruyó, en 1981, el reactor nuclear iraquí en Osirak. Hizo exactamente lo mismo con el reactor sirio en Dayr az-Zawr en el año 2007, un hecho del que extrañamente la opinión mundial no fue informada. Las Naciones Unidas y la OIEA conocían perfectamente lo ocurrido. Tales acciones contaban con el apoyo de Estados Unidos y la Alianza Atlántica.
Lo insólito es que apenas la OTAN dio por concluida la operación en Libia —tras el ataque aéreo que hirió al jefe constitucional de ese país, destruyó el vehículo que lo transportaba y lo dejó a merced de los mercenarios del imperio, quienes lo asesinaron y exhibieron como trofeo de guerra, ultrajando costumbres y tradiciones musulmanas— la OIEA, órgano de Naciones Unidas, una institución que debiera estar al servicio de la paz mundial, lanzó el informe político, tarifado y sectario, que pone el mundo al borde de la guerra con empleo de armas nucleares que el imperio yanki, en alianza con...
Debo decir que las elecciones en Nicaragua fueron al estilo tradicional y burgués, que nada tiene de justo o equitativo, ya que los sectores oligárquicos, de carácter antinacional y proimperialistas disponen como norma del monopolio de los recursos económicos y publicitarios, que en general, y de modo especial en nuestro hemisferio, están al servicio de los intereses políticos y militares del imperio, lo cual resalta la magnitud de la victoria sandinista.
Aquellos países pretenden monopolizar las tecnologías y los mercados a través de las patentes, los bancos, los medios más modernos y costosos de transporte, el dominio cibernético de los procesos productivos complejos, el control de las comunicaciones y de los medios masivos de información para engañar al mundo.
La Organización de Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura, acababa de adoptar una decisión valiente: otorgar al pueblo heroico de Palestina el derecho a participar como miembro activo en la UNESCO; 107 estados votaron a favor, 14 en contra, 52 se abstuvieron de votar. Todos conocemos perfectamente por qué.
Por la mente del fundador del olimpismo no pasaba el deporte tarifado ni el mercado de atletas. Ese fue también el noble objetivo de la Revolución cubana, lo cual implicaba el deber de promover tanto el deporte como la salud, la educación, la ciencia, la cultura y el arte, que fueron siempre principios irrenunciables de la Revolución.
Cualquier persona honesta capaz de observar con objetividad los acontecimientos, puede apreciar la peligrosidad del conjunto de hechos cínicos y brutales que caracterizan la política de Estados Unidos, y explican la bochornosa soledad de ese país en el debate de Naciones Unidas sobre la “Necesidad de poner fin al bloqueo económico, comercial y financiero contra Cuba”.
Cuando llegó la hora de la votación, dos países se ausentaron: Libia y Suecia; tres se abstuvieron: Islas Marshall, Micronesia y Palau; dos votaron en contra: Estados Unidos e Israel. Sumados los que votaron en contra, se abstuvieron, o se ausentaron: Estados Unidos, con 313 millones de habitantes; Israel, con 7,4 millones; Suecia, con 9,1 millones; Libia, con 6,5 millones; Islas Marshall, con 67.1 mil; Micronesia, 106.8 mil; Palau, con 20.9 mil, suman 336 millones 948 mil, equivalente al 4.8% de la población mundial, que ya se eleva este mes a 7 mil millones.
Hace algo más de ocho meses, el 21 de febrero del presente año, afirmé con plena convicción: “El plan de la OTAN es ocupar Libia”. Bajo ese título abordé por primera vez el tema en una Reflexión cuyo contenido parecía fruto de la fantasía. Incluyo en estas líneas los elementos de juicio que me llevaron a esa conclusión.
La OTAN asumió ese papel represivo global tan pronto la URSS, que había servido a Estados Unidos de pretexto para crearla, dejó de existir. Su criminal propósito se hizo patente en Serbia, un país de origen eslavo, cuyo pueblo tan heroicamente luchó contra las tropas nazis en la Segunda Guerra Mundial.