Artículos y Reflexiones
Dije ayer que, mientras Bush hablaba en el Congreso, McCain recibía homenajes en el restaurante Versailles de La Pequeña Habana.
Uno de los órganos de prensa más hostiles de Estados Unidos respecto a Cuba, con sede en la Florida, relata los hechos de la siguiente forma:
En el ya famoso supermartes, un día de la semana en que numerosos Estados de la Unión seleccionaban el candidato a la Presidencia de Estados Unidos de su preferencia, dentro de un grupo de aspirantes, uno de los posibles candidatos para sustituir a George W. Bush podía ser John McCain. Por su imagen prediseñada de héroe y su alianza con fuertes contendientes como el ex gobernador de Nueva York, Rudy Giuliani, otros aspirantes ya le habían cedido gustosamente su apoyo. La intensa propaganda de factores sociales, económicos y políticos de gran peso en su país, y su estilo de actuación lo...
Hace unos días mencioné su nombre como ejemplo de militante comunista, cuya lucha dio sentido a su vida. Llegó a ocupar las más altas responsabilidades del Partido durante 8 años. Compartió con Allende su fe en Chile y la hermosa visión de que, más temprano que tarde, de nuevo se abrirían las grandes alamedas “por donde pase el hombre libre para construir una sociedad mejor”.
No quiero abusar de la paciencia de los lectores, ni de la excepcional oportunidad que me ofreció Lula de intercambiar ideas al encontrarse conmigo. Por ello, afirmo que es la cuarta y última sobre su visita.
Cuando cientos de intelectuales que proceden de todos los continentes se reúnen en La Habana para participar en una Conferencia Internacional sobre el Equilibrio del Mundo, en torno a la fecha del nacimiento de José Martí, ese día, por extraña casualidad, habló el Presidente de Estados Unidos. En su último discurso al Congreso sobre el Estado de la Unión, utilizando el teleprompter, Bush nos dice más con sus expresiones extraverbales que con las palabras elaboradas por sus asesores.
Hace cinco años tuvo lugar en la capital de Cuba la Conferencia Internacional sobre el Equilibrio del Mundo, en la que participaron delegados de 43 países de todos los continentes, en honor a Martí con motivo del 150 aniversario de su nacimiento.
Cuando se produjo la desintegración de la Unión Soviética, que fue para nosotros como si dejara de salir el sol, la Revolución Cubana recibe un golpe demoledor. No sólo se tradujo en un cese total de los suministros de combustible, materiales y alimentos; perdimos los mercados y precios alcanzados para nuestros productos en el duro bregar de la lucha por la soberanía, la integración y los principios. El imperio y los traidores, llenos de odio, afilaban los puñales con los que pensaban pasar a cuchillo a los revolucionarios y recuperar las riquezas del país.
Lula me recordó con calidez la primera vez que visitó nuestro país en el año 1985 para participar en una reunión convocada por Cuba para analizar el agobiante problema de la deuda externa, en la que expusieron y debatieron sus criterios los representantes de las más variadas tendencias políticas, religiosas, culturales y sociales, preocupados por el asfixiante drama.
De forma espontánea decidió visitar Cuba por segunda vez como Presidente de Brasil, aunque mi salud no le garantizara un encuentro conmigo. Antes, como él mismo dijo, visitaba la Isla casi todos los años. Lo conocí en ocasión del primer aniversario de la Revolución Sandinista en la casa de Sergio Ramírez, entonces vicepresidente del país. Digo de paso que este último de cierta forma me engañó. Cuando leí su libro Castigo Divino ―excelente narración―, llegué a creer que era un caso real ocurrido en Nicaragua, con todos los enredos legales que son habituales en las antiguas colonias españolas;...
No votó en las elecciones del domingo. Estaba inscrita en el mismo municipio: Plaza de la Revolución. Se marchó silenciosamente el viernes; no lo esperábamos tan pronto.
Los cables lo anunciaron con anterioridad. El 6 de Enero se conocía que Bush marchaba hacia el Medio Oriente tan pronto terminara su cristiano descanso de Navidad. Iba a las tierras de los musulmanes, de otra religión y cultura a la que los europeos, convertidos al cristianismo, declararon la guerra, por infieles, en el siglo XI de nuestra era.