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Reunel Gómez Ramírez, el autor de estas fotos, guarda entre sus recuerdos favoritos la tarde del primero de julio de 1977, cuando tras ser inaugurado el poligráfico Juan Marinello, de esta ciudad, fue enrolado en una caravana, cuyo destino descubrió poco más de una hora después: el Alto de Quimbuelo, desde donde el Comandante en Jefe Fidel Castro observaba el majestuoso Valle de Caujerí.
En su trabajo “Cuba, Excepción Histórica o Vanguardia en la Lucha Anticolonialista” Che Guevara reflexionó acerca de las razones por las cuales Fidel Castro había cimentado la Revolución sobre sólidas bases entre las que destacó (...) “su capacidad para asimilar los conocimientos y las experiencias para comprender todo el conjunto de una realidad dada sin perder de vista los detalles, su fe inmensa en el futuro y su amplitud de visión para prevenir los acontecimientos y anticiparse a los hechos, viendo siempre más lejos y mejor que sus compañeros”.
El jueves 23 de junio del 2016 devino jornada histórica en la que, una vez más, el nombre de Cuba alcanzó ribetes dorados en la arena internacional.
Uno de los tantos mitos que se han propalado –en especial por los enemigos de la Revolución solo en torno a las relaciones conflictuales entre Cuba y los Estados Unidos, es el que sostiene que Fidel Castro ha sido el gran obstáculo para la normalización de las relaciones entre ambos países, con lo cual se ubica el inicio del conflicto bilateral al momento en que triunfa la Revolución Cubana en 1959 bajo el liderazgo indiscutible de Fidel.
“[…] me enorgullezco también de
haberte seguido sin vacilaciones,
identificado con tu manera de pensar
y de ver y apreciar los peligros y los principios”.
Fragmento de la carta de despedida del Che a Fidel, 1965
Después de una riesgosa travesía, el 2 de diciembre de 1956, en que estuvieron en peligro de perecer, los 82 expedicionarios del yate Granma desembarcaron en las costas cubanas en las más adversas condiciones; atrás quedaban meses de intenso trabajo, privaciones y sacrificios que permitieron cumplir el ineludible compromiso contraído por Fidel y la vanguardia que encabezaba con la Patria.
El protagonismo y la autoridad de Fidel en la Guerra de Liberación Nacional, y sobre todo entre sus compañeros de lucha del Primer Frente, lo convirtieron en el centro de la actividad revolucionaria del movimiento dirigido por él.
Además, su estrategia, basada en la necesidad de producir una profunda transformación en el país, trazó el orden político y ético de la guerra en Cuba.
Desde sus primeras entrevistas en la Sierra Maestra, al líder de los revolucionarios cubanos, Fidel Castro Ruz, se le reconoce por su traje de campaña.
El color verde olivo de la gorra, camisa y pantalón, se integraba al característico tono del paisaje montañoso, lo que favorecía al factor sorpresa, principio táctico del combate de los rebeldes. Así, en la organización del plan de ataque, la desventaja en cantidad de armas y hombres, era suplida por la pericia, astucia y el camuflaje.
En el pensamiento político-militar del Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz, la participación popular en la defensa armada ha constituido un principio permanente. Él proclamó que la Revolución Cubana “[…] ha de ser por encima de todo una revolución de pueblo, con sangre de pueblo y sudor de pueblo”.1 Bajo ese principio fundó el Movimiento 26 de Julio, seleccionó a los integrantes del Ejército Rebelde y las Milicias Nacionales Revolucionarias. Además, así se ha desarrollado el proceso de completamiento con personal y cuadros en los institutos armados.
Una solicitud periodística me convida a explorar su extensísimo quehacer revolucionario, abordado ampliamente por varios escritores. Mas, resulta imposible evitar la conmoción al redescubrirlo entre disímiles textos, como protagonista de historias.
“En esa universidad, adonde llegué simplemente con espíritu rebelde y algunas ideas elementales de la justicia, me hice revolucionario, me hice marxista-leninista y adquirí los valores que sostengo y por los cuales he luchado a lo largo de mi vida”.1
Fidel Castro Ruz
Al amanecer del 15 de abril de 1961, el miliciano Antonio Ramón Beltrán González se encontraba de guardia en la “cuatro bocas” instalada a unos 150 metros de la parte delantera del edificio ocupado por la jefatura de Operaciones, en Ciudad Libertad.
Tras un entrenamiento iniciado a fines de octubre del año precedente, en respuesta a una convocatoria lanzada por el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz a mediados de ese mes, Beltrán había sido designado tirador de esa pieza, por la cual respondían, además, otros cinco compañeros.