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Entrevista al Comandante Fidel Castro Ruz, por CMQ, en Camagüey, el 3 de enero de 1959, "Año de la Liberación".

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Fidel Castro.- Asegurado el triunfo en todo el país, controlados todos los mandos militares de la nación por la jefatura revolucionaria, y siendo ya el magistrado Urrutia presidente de la república, a cuya investidura queda absolutamente subordinado el mando militar que ostento; restablecidos en la república la libertad y el poder civil en toda su plenitud, solicito de los líderes obreros y de todos los trabajadores, así como de las clases vivas, el cese de la huelga general revolucionaria que culminó en la más hermosa victoria de nuestro pueblo.
 
Mi recuerdo devoto a los héroes caídos en esta hora de triunfo, y mi reconocimiento emocionado y profundo al pueblo de Cuba, que es hoy orgullo y ejemplo de América.
 
Periodista.-
Doctor Castro: ¿Cuándo podemos anunciar al pueblo de La Habana que arribará usted con sus compañeros allá?
 
Fidel Castro.- Bueno, naturalmente comprenderá nuestro deseo de arribar a La Habana, entre otras razones porque sabemos que nos están esperando, pero, como usted ha podido apreciar, la marcha tiene que ser un poco lenta, por distintas razones: la carretera ha sido obstruccionada en una serie de puntos...
 
Periodista.- Hemos sido testigos —perdone que le interrumpa— de la apoteósica ovación y del estruendoso recibimiento que se le ha formulado en la ciudad de Camagüey, donde decenas de miles de mujeres, hombres y niños se han lanzado a la calle para vitorearlo. Suponemos que por eso la marcha tendrá que ser más lenta...
 
Fidel Castro.- Efectivamente, considero que el reconocimiento y el cariño que nos ha demostrado el pueblo es superior a cuantos méritos podamos tener nosotros. Creo que sencillamente no hemos hecho más que cumplir con el deber y, al fin y al cabo, no ha sido tanto el sacrificio; mayor ha sido el sacrificio de las madres que han perdido a sus hijos en esta lucha, que fue una lucha necesaria. Nosotros, simplemente, hemos cumplido; consideramos que hemos cumplido con nuestro deber, o al menos con una parte de nuestro deber.
 
Observo que cada día es mayor el trabajo, en ocasiones llega a ser absolutamente agotador. Nosotros llevamos muchos días sin dormir un solo minuto, ni de día ni de noche.
 
Yo le explicaba, le estaba explicando el motivo de nuestra tardanza, y decía que con motivo de la guerra fue necesario, para impedir el cruce de las fuerzas que combatían contra nosotros y de los tanques, fue necesario destruir una serie de puentes; y ahora estamos marchando precisamente en vehículos y en tanques y precisamente nos vemos con el inconveniente de tener que hacer desvíos y marchar lentamente. También, pues, naturalmente, el deber de detenernos en los pueblos, donde siempre nos esperan nuestros compatriotas, deseosos de saludar a nuestros combatientes, y eso nos retarda. Los cálculos que tenemos hechos son los siguientes: salir esta noche o mañana al amanecer de Camagüey, arribar a Santa Clara mañana, partir de Santa Clara pasado mañana martes —tendremos que dar también un acto en Santa Clara—; y con posterioridad, el miércoles según nuestros cálculos, pensamos llegar a La Habana, en horas de la tarde. Esos son nuestros planes, y consideramos que, aunque tengamos deseos de llegar a la capital, le pedimos excusas al pueblo de La Habana, comprendiendo las dificultades de avanzar más rápidamente. Yo al principio creí que iba a ser más rápido el avance...
 
Periodista.- Tenemos entendido, doctor Castro, que usted va a llegar a La Habana con más de 1 000 hombres con todo el equipo de tanques y vehículos, etcétera.
 
Fidel Castro.- Bueno, realmente, de acuerdo con los planes que tenemos de reestructurar y reorganizar las fuerzas revolucionarias, he dejado en las distintas provincias, en las distintas zonas, el número de combatientes suficientes para mantener el orden, cosa que no se hace difícil con el pueblo de Cuba. En la provincia de Oriente no hemos tenido un solo caso de saqueo, e incluso los elementos más odiados han sido detenidos, nadie ha tomado venganza por su propia mano, a pesar de que aun después de dominada la situación en lo nacional se ha combatido en varias ciudades con elementos desesperados que tenían muchas culpas, y nos ha costado algunas vidas valiosas. Casualmente, el capitán Horacio Rodríguez, uno de nuestros compañeros del Granma, cuando después de tomada la plaza de Manzanillo intentó detener a un esbirro —un hombre muy odiado, porque había cometido muchos crímenes por la zona de Yara—, lo fue a detener y en ese instante, parece que con el tesón que puso en capturarlo, se adentró en una casa después de lanzar dos granadas de mano, y entonces le dispararon una ráfaga de ametralladora y lo mataron. Aquí en Camagüey hubo que librar un combate, ayer, precisamente, contra una serie de elementos de las fuerzas represivas y confidentes y elementos masferreristas que se refugiaron en un edificio y fue necesario desalojarlos a viva fuerza. Nos costó también algunas bajas. Pero fuera de esos hechos... Todos esos elementos, cuando eran detenidos, inmediatamente, siguiendo la norma que hemos mantenido en esta guerra, nadie se dejaba llevar por el odio ni por la venganza; al contrario, todo el mundo considera una cuestión de honor y de caballerosidad, aun con los criminales, el someterlos a los procedimientos...
 
Periodista.- Eso es un alto ejemplo de responsabilidad y de mesura de las fuerzas revolucionarias.
 
Fidel Castro.- Yo siempre dije que en el futuro no habría venganza, porque habría justicia. Pero justicia quiere decir llenar los requisitos elementales del procedimiento, aunque hay casos en que todo el mundo sabe que no queda otra alternativa que aplicarles la pena de muerte, porque son hombres que algunos han cometido hasta 20 y 30 asesinatos, y es imposible en esos casos no aplicarla. El pueblo no quiere otra cosa, sino que se les aplique la pena de muerte.
 
Periodista.- Justificadísima.
 
Fidel Castro.- Y en esos casos, pues, serán los tribunales revolucionarios los que decidan de acuerdo con la ley revolucionaria, y de acuerdo con lo que desea el pueblo y, además, lo que necesita el país. No debemos olvidarnos de los días trágicos que sufrió la nación. Yo me explico un poco la emoción del pueblo, el delirio, la alegría delirante del pueblo, solamente por lo cruel que fue la tiranía. Yo le decía a un periodista que esa alegría era la medida de lo cruel y lo inhumano que había sido el régimen de Batista.
 
Es necesario, además, dar un ejemplo: cuando se actúa con justicia, pues, hasta las personas allegadas de alguna persona que ha cometido decenas de crímenes, comprenden que no quedaba otra alternativa, y ni siquiera queda ese rencor. Serán castigos ejemplares que la Revolución generosa aplicará solo a aquellos que realmente se lo merezcan, pero le decía que es para nosotros una satisfacción haber comprobado que no se ha dado un solo caso de hombre arrastrado por las calles. Las poblaciones de Manzanillo, por ejemplo, de Bayamo, de Santiago de Cuba, de Holguín, en los lugares donde más se ensañó el terror contra el pueblo, fue donde más ejemplarmente se comportaron.
 
Así que el orden no es difícil mantenerlo porque, por las buenas, el pueblo lo hace todo. El cubano tradicionalmente, por las buenas, está dispuesto a colaborar y hacer todo lo que sea necesario, los mayores sacrificios; a lo que no está dispuesto es a hacer nada por las malas. Eso yo lo comprendí...
 
Periodista.- Doctor, perdóneme que le haga esta pregunta que tiene algo de sentimental.
 
Fidel Castro.- Sí, cómo no.
 
Periodista.- Comoquiera que fue en el Cuartel Moncada donde usted inició la primera gran batalla armada contra los usurpadores, y fue allí donde tuvo su origen y su nombre el Movimiento 26 de Julio, debe haber sufrido usted un impacto emocional muy fuerte al entrar en el Cuartel Moncada victoriosamente. ¿Querría explicar brevemente estas impresiones?
 
Fidel Castro.- Bueno, nosotros hemos vivido hace tiempo bajo un gran impacto emocional; un poco nos hemos acostumbrado a circunstancias excepcionales como esa. También, por ejemplo, desde nuestra partida de México, la travesía, el desembarco; cuando desembarcamos en unos pantanos, yo llegué a creer que era un cayo, hasta que por fin descubrimos que... Se pudo salir de allí con mucho trabajo. Los primeros reveses: el quedarme con dos hombres y dos fusiles durante casi 15 días, tratando de hacer contacto otra vez y reagrupar a los primeros combatientes, buscar las armas que se habían perdido. Todas las peripecias de la lucha: las primeras victorias, desde la más pequeña hasta la más grande; desde el combate de La Plata hasta la ocasión en que, hace apenas seis meses, nos vimos en la necesidad de combatir contra 14 batallones de infantería bastante bien armados, con solo 300 hombres y 5 000 balas de reserva...
 
Periodista.- Esos combates fueron en Oriente, ¿no?
 
Fidel Castro.- Bueno, esos fueron en la Sierra Maestra. Hemos estado viviendo hace dos años y treinta días toda clase de momentos emocionales, ¿no? Naturalmente, también los días eso... El día primero fue un día tremendo también, porque nosotros nos encontramos traicionados; hubo un intento de arrebatarle al pueblo la victoria. Aquella mañana hubo que actuar rápidamente...
 
Periodista.- ¿Se refiere al intento de integrar la Junta Militar en Columbia?
 
Fidel Castro.- De la Junta, del golpe, fue un golpe contrarrevolucionario para evitar lo inevitable; es que si duraba 15 días más, nosotros hacíamos prisioneras a todas las fuerzas. Nosotros en esos momentos teníamos 10 000 soldados copados en la provincia de Oriente. Íbamos a atacar ya a Santiago, cuando se presentó Cantillo a hacer las proposiciones que... Yo, por ejemplo, pensaba, analizándolo fríamente, que lo mejor era no aceptar ningún tipo de apoyo, porque ya la guerra estaba ganada; pero cuando uno hace esos cálculos, tiene que pensar siempre que, si se puede lograr el mismo objetivo sin derramar una sola gota más de sangre... Porque sobre todo los hombres que cayeron al final de la guerra son los que nos producen a nosotros más tristeza, por la idea de que han, por ejemplo, sobrevivido a todos los peligros en numerosos combates, y siempre produce una tremenda tristeza, en un momento de un combate victorioso, pensar en los que no vieron el fruto del triunfo. Eso nos ha pasado con algunos comandantes. Nos pasó con el comandante Paz, cuando la batalla del Jigüe... No, mejor dicho, con el comandante Cuevas, cuando la batalla del Jigüe, horas antes de aquella victoria, que fue nuestra primera gran victoria, puesto que significó más de 300 bajas en aquel momento y 260 armas capturadas, en una batalla que duró 10 días; y aquel compañero, que había sido uno de los héroes de aquel combate, no sobrevivió, no pudo ver la victoria. Nos pasó con el comandante Cuevas, nos pasó con el comandante Daniel, nos pasó con otro compañero, el comandante Coroneaux, cuando la batalla de Guisa, que fue el héroe de la batalla de Guisa, y...
 
Periodista.- ¿Cuántos días duró la batalla de Guisa, Comandante?
 
Fidel Castro.- Duró 10 días. Las batallas más fuertes que nosotros hemos tenido han sido batallas de 10 días. Yo no sé si se conocerán bien todos los pormenores.
 
Periodista.- Sería interesante que usted refiriera alguno de los principales, ¿verdad?, porque...
 
Fidel Castro.- Bueno, la verdad es que no terminaríamos hoy.
 
Periodista.- Pero algunos de los principales detalles que el pueblo tiene deseos de conocer, porque está admirando justificadamente la heroicidad de ustedes.
 
Fidel Castro.- Bueno, no es tanto, es sencillamente que ya no nos quedaba más remedio que hacer eso. Le voy a decir, por ejemplo, nosotros el combate del Jigüe lo iniciamos con 120 hombres, y se combatió contra dos batallones. Por cada uno de nuestros hombres le hicimos tres bajas a la dictadura. El combate de Guisa fue un combate que se libró a las puertas de Bayamo contra todos los tanques Sherman esos; nosotros no teníamos artillería, no teníamos nada, y sin embargo allí los 220 hombres combatieron contra unos 3 000 hombres. Lo que ocurría en estos combates es lo siguiente: que nosotros empezábamos el combate con un número determinado, pero a medida que pasaban los días, teníamos más fusiles y más fusiles, porque cada vez que le hacíamos sufrir un revés al enemigo, se ocupaban 20 o 30 fusiles, y empezaban... Por ejemplo, yo empecé la batalla del Jigüe con 120 hombres y terminamos con cerca de 400 hombres armados. La de Guisa se empezó con 220, era a las puertas de Bayamo, y concluyó con 350 hombres armados. Nosotros en 45 días, combatiendo contra guarniciones que hicieron una resistencia fuerte... El cuartel de Maffo resistió durante 20 días, se atrincheró en las naves del BANFAIC y costó tremendamente.
 
No fue tan fuerte la resistencia de Palma Soriano, porque se le implantó el mortero 81 en una posición buena; el morterista de nosotros había adquirido una tremenda puntería y en pocos minutos puso fuera de combate a la fuerza mayor de Palma, pero hicieron una gran resistencia a pesar de eso.
 
Fue también en los días en que más bajas tuvimos, porque el avance desde Guisa hasta Santiago de Cuba fue un avance de lucha continua en la Carretera Central. Nosotros, pues, nos decían que estábamos en la Sierra y que porque estábamos en la Sierra podíamos dominar la situación. Nosotros presentamos batalla a las tropas de Bayamo y a todas las guarniciones que estaban entre Bayamo y Santiago de Cuba en plena Carretera Central, y desde que nos apoderamos de la Carretera Central no nos arrebataron ni una pulgada de carretera. En esos días se ocuparon más de 700 armas y se le hicieron, por las fuerzas de la Columna Uno, más la Columna Tres... Y, además, ya no era cosa de columnas; ya todas nuestras tropas estaban colaborando, porque todas las que estaban situadas en una posición apoyaban a las otras, impidiendo el cruce de los refuerzos, ¿no? Se le hicieron más de 1 000 bajas y se le ocuparon más de 700 armas.
 
En ese momento se estaba produciendo la batalla de Santa Clara, porque yo me comuniqué por aquellos días, después de los combates de Guisa, con el comandante Ernesto Guevara, que era nuestro comandante en la provincia, y le indiqué... porque él conocía los planes de que íbamos a avanzar sobre Santiago, y era muy importante; cuando él salió de la Sierra Maestra, el objetivo estratégico del avance de las columnas hasta Santa Clara era precisamente apoyarnos a nosotros cuando avanzáramos sobre la capital.
 
No le voy a explicar ahora —porque sería largo— cuál fue toda nuestra estrategia; fue un plan que se hizo y se llevó a cabo, pero con tal exactitud, que se ha caído Batista casi el día que pensábamos que se iba a caer, y cayó Santiago de Cuba más o menos el día que pensábamos que la íbamos a tomar. Así que eso se ha producido... Lo que sí, por poco...
 
Bueno, por poco, no; no nos podían arrebatar el triunfo de ninguna manera, pero se intentó arrebatarnos el triunfo.
 
Y si no se hubiera actuado rápidamente, las consecuencias hubieran podido ser graves, porque a la gente le dicen que Batista se había ido, se informaba que nosotros íbamos para La Habana, se quería dar a entender que nosotros estábamos de acuerdo con eso, ya se hablaba de una “comisión de paz”.
 
Y calculé, después de abandonar Batista el poder, una comisión de paz que viniera a visitarnos a nosotros para que no mantuviéramos las operaciones, podía hacernos aparecer ante el pueblo como en pIano de ambiciosos o de intransigentes; y la verdad que era un momento tremendo, porque aquello no tenía nada de revolucionario. Además, era un intento, sencillamente, de conservar de alguna manera la fuerza; poco faltó para que nos dijeran a nosotros que entregáramos los fusiles.
 
Yo había dicho reiteradamente, y siempre previendo ese peligro, había estado diciendo constantemente que no aceptábamos Junta Militar, y que nuestras condiciones para que aceptáramos cualquier acuerdo con un movimiento militar, realizado por los militares que no estuviesen comprometidos con los crímenes o con la inmoralidad, el robo, el vicio y todas las depravaciones que practicó...
 
Periodista.- Parece, doctor —y perdone que le interrumpa—, que el discurso que usted pronunció rechazando totalmente la Junta Militar, parece que fue el golpe decisivo ya a la situación...
 
Fidel Castro.- Bueno, cuando a mí me dicen... Yo me encontraba en el América en ese momento, estaba preparando las tropas para avanzar sobre Santiago, cuando me informan que había dicho Radio Progreso que Batista se había ido.
 
Claro que no era totalmente una sorpresa, porque el día antes yo le había enviado un ultimátum anunciándole que se rompían las hostilidades, y lo había enviado a la plaza de Santiago de Cuba para que se lo comunicaran a Cantillo, porque él ya... yo me di cuenta de la traición de él desde 24 horas antes del 31 de diciembre a las 3:00 de la tarde, fecha y hora para las que se había trazado todo un plan de acción, de acuerdo con el apoyo incondicional —porque de otra manera no se hubiera aceptado el apoyo— que iba a darle a la Revolución. Y al darme cuenta de eso inmediatamente le escribí, y nos cruzamos algunas cartas que yo las he leído por radio, documentos que prueban de manera absoluta la traición de Cantillo; yo le mandé un ultimátum y le dije que si pasadas las 3:00 de la tarde del 31 de diciembre... avanzaríamos resueltamente sobre Santiago.
 
En Santiago se hubiera librado una batalla muy dura, porque había 5 000 soldados aproximadamente, artillería, tanques...
 
Nosotros estábamos acostumbrados a luchar contra esos efectivos, y, además, yo estaba seguro de que les tomábamos Santiago; ya estaba el plan hecho, y no me quedaba la menor duda de que les tomábamos Santiago. Ya uno conoce tan exactamente las reacciones, las tácticas y todo, cuándo hay que atacarlos por un lado... Por ejemplo, cuando uno quiere que se retiren de una posición, uno sabe lo que tiene que hacer; y casi resultaban infalibles las tácticas que se iban a aplicar. Y ya yo estaba situando unos cañones a la entrada de la bahía para cortar la comunicación por mar; cañones de tanques destruidos por nosotros, que habíamos aprovechado los cañones y les habíamos fabricado todo lo demás del montaje de cañones de tierra...
 
Periodista.- Afortunadamente, no fue necesario usarlos...
 
Fidel Castro.- Yo decía que ni las fábricas Krupp hacían mejores cañones que los armeros de nosotros. Allí mismo, en el central América, utilizando...
 
Periodista.-
¿Se fabricaban allí los cañones?
 
Fidel Castro.- Los cañones no, los cañones eran los de los tanques; el montaje del cañón. Entonces ya les estaba situando los morteros contra el aeropuerto, y ya teníamos una gran cantidad de minas que les íbamos a situar entre el aeropuerto y la ciudad. La combinación era cortar en primer lugar las comunicaciones —que fue como se les hizo en Palma—, tomar el aeropuerto y obstruccionar la bahía; teníamos también medios de hundir un barco allí, pero eso hubiera podido provocar alguna fricción internacional y la pérdida de muchos millones. Los cañones se los íbamos a colocar a 300 metros de donde tenían que pasar los barcos. Entonces ya estaban las tropas situándose en sus posiciones; íbamos a batir primero los salientes que tenían cerca de Santiago de Cuba. En eso estábamos, cuando por la mañana, el día primero, me dicen que Radio Progreso había informado que Batista había huido para Santo Domingo. Y como siempre se dicen tantas bolas, hay veces que la gente oye una cosa y... Y por lo general uno siempre oye con escepticismo la noticia. Inmediatamente la mando a comprobar, y a la media hora se comprobó la noticia de que Batista había huido, y que había una Junta, y que Carlos Manuel Piedra era presidente. Yo, de inmediato, sin perder un minuto, redacté las declaraciones; no tardé apenas una hora en redactar las declaraciones y salir para donde estaba la planta móvil nuestra, donde estaba Radio Rebelde, que ya estaba instalada en Palma. Me trasladé, y fue cuando lancé la proclama de que se había producido un golpe y que ese golpe era muy sospechoso, que no lo aceptábamos; y fue cuando les di la orden entonces a todas las columnas de que avanzaran sobre los pueblos, que atacaran, y que no dieran otra tregua como no fuese para la rendición. Y me comuniqué con el comandante Camilo Cienfuegos y le ordené que avanzara inmediatamente; él acababa de tomar Yaguajay, y le dije que a más tardar en dos horas tenía que tener a los hombres en marcha sobre la capital. Y le dije, sencillamente, que tomara Columbia. A Camilo se le podía dar esa orden.
 
Periodista.- Que la cumplía.
 
Fidel Castro.- Sí. Le dije que marchara con 500 hombres, con armas automáticas, y que tomara Columbia. Que se comunicara otra vez conmigo cuando estuviera en Columbia.
 
Entonces, el Che estaba finalizando la batalla de Santa Clara; le quedaban 300 soldados todavía resistiendo. Yo le dije que no se preocupara, que dejara alguna tropa allí manteniendo el cerco y avanzara también inmediatamente en apoyo de Camilo; que Camilo tomara Columbia, y que él fuese para la Cabaña.
 
Entonces nosotros movimos inmediatamente las tropas para Santiago de Cuba. A Santiago había que atacarlo de todas maneras ese día, porque de lo contrario podía consolidarse aquel golpe. Sobre las 2:00 de la tarde yo estaba muy preocupado con las noticias que venían de La Habana, en el sentido de que una “comisión de paz”...
 
Periodista.- Ya estaba nombrada la comisión.
 
Fidel Castro.- Usted sabe lo que son esos momentos confusos. La prensa internacional puede ser engañada, la opinión pública puede ser confundida. Pero ya se había leído la proclama mía, que salió por CMQ y por Radio Progreso; y, además, inmediatamente me reuní con los compañeros de la dirección del Movimiento y acordamos dar la orden de huelga general para el día siguiente, y a Santiago la dimos para las 3:00 de la tarde, y un ultimátum a la ciudad de que a las 6:00 de la tarde, si no deponían las armas, nosotros atacábamos.
 
Cuando me estaba moviendo sobre Santiago, a mí me daba mucha gracia, porque yo oía por radio el anuncio de que el pueblo estaba lleno de júbilo, de que en las calles estaban las banderas del Movimiento y las mujeres vestidas de rojo y negro, en señal de triunfo, por el triunfo del líder de la Revolución y por el triunfo de Fidel Castro. Y yo decía: ¿pero cómo será el triunfo mío, y yo lo que estoy es avanzando sobre una ciudad que tiene 5 000 soldados? Se daba una situación muy curiosa.
 
Pero, realmente, la guarnición de Santiago de Cuba, donde estaba de jefe el coronel Rego Rubido —que yo tengo muy buen concepto de él, porque muchas veces a los adversarios se les conoce mejor que a los amigos... Y es un militar de honor y un hombre valiente; pudo haber hecho resistencia. Ya nos habíamos cruzado alguna comunicación relacionada precisamente... yo le había dicho en lo que había quedado Cantillo conmigo y lo que estaba haciendo Cantillo; se lo había dicho desde el día antes. Entonces la actitud de él fue hacer contacto con nosotros.
 
También por parte de la Marina hubo una actitud similar: la fragata Maceo se comunicó con nosotros y nos dijo que se ponía incondicionalmente a nuestras órdenes.
 
Periodista.- ¿Usted sabe que ya en esa oportunidad —y perdone— CMQ estaba en cadena con todas las estaciones y con Radio Rebelde, trasmitiendo a toda la isla e inclusive al continente?
 
Fidel Castro.- Sí, yo lo sé; yo sé que las declaraciones mías salieron por la CMQ, yo las oí.
 
Entonces, la fragata Máximo Gómez inmediatamente dijo que secundaba; la jefatura de policía de Santiago dijo que nos apoyaba; y al mismo tiempo, simultáneamente, el jefe de la guarnición voló en un helicóptero a Palma para localizarme; no pudo localizarme, y nosotros seguíamos avanzando sobre Santiago. Ya estaban haciéndose todos los preparativos del ataque, cuando hicimos contacto con un capitán que estaba situado en El Caney, e hicimos contacto con el coronel Rego. Tuvimos una entrevista. Entonces yo le dije que yo quería reunirme con todos los oficiales de la guarnición de Santiago de Cuba para hablarles; que yo no quería más que hablarles, que yo estaba seguro de que los planteamientos míos serían aceptados por ellos, puesto que yo consideraba que tenía toda la razón y que les iba a hablar en términos que eran precisamente los que más les convenían a la república y a ellos.
 
Efectivamente, a las 7:00 de la noche se produjo la reunión, y yo les dije que Cantillo había venido a hablarme en nombre del ejército y lo que había hecho era traicionarme antes de empezar, y traicionar también a los soldados, porque a ninguno de ellos se les consultó sobre nada; que yo no quería golpe, que yo quería democráticamente reunirme con todos los oficiales y, si era necesario, con todos los soldados, para hablarles a todos los soldados; que eso no era una conspiración, eso era una decisión democrática; que los generales no tenían derecho a decidir sobre... Que normalmente el militar tiene que cumplir órdenes y obedecer, pero cuando se trata de cuestiones tan vitales y fundamentales como es la de decidir la postura, la posición en un momento histórico de un ejército, hay que consultar a los oficiales.
 
Periodista.- Pero mientras eso ocurría, Comandante, ya todo el pueblo estaba celebrando jubilosamente el triunfo, porque ya estaba enterado, a través de la cadena CMQ, Radio Reloj y todas las demás estaciones, de los pronunciamientos suyos rechazando la Junta.
 
Fidel Castro.- Bueno, yo dije esta frase. Cuando vi que nos traicionó, y que había procedido de una manera tan absurda que hasta a Pedraza lo nombraron miembro de la Junta y que se fue, había nombrado a oficiales para determinados cargos que, cuando los fueron a buscar para darles el cargo, ya se habían ido —¡calcule cómo tendrían la conciencia esa gente! Era una falta de tacto político, un error.
 
Yo dije: este hombre ha dado un salto mortal en el vacío. Y también dije con otras palabras: “mire, los hemos agarrado fuera de base, y entre primera y segunda, porque no han llegado ni a tercera” (Risas).
 
Periodista.- En lenguaje beisbolero lo dijo: les hicieron out entre primera y segunda...
 
Fidel Castro.- Yo sabía que dado el estado moral de nuestras fuerzas en ese momento, la orden de avanzar sobre los cuarteles se convertiría en un desastre total para el régimen, porque Cantillo era la continuación del régimen. Y estaba completamente seguro de las consecuencias. Claro que podrían producirse batallas sangrientas. A mí me preocupaba, me dolía que se fueran a producir aquellas bajas en aquel momento, ¿no? Y por eso consideré que la actitud de los militares era muy digna de tenerse en consideración, de los militares de Santiago de Cuba. Nos ahorraron vidas. Y, además, en ese momento todo era muy confuso. Y aseguraron el triunfo, porque desde el momento en que las fragatas y el ejército en Santiago de Cuba se unieron, y el ejército en Bayamo se unió, ya podía hacer lo que quisiera en Columbia el señor Cantillo, que estaba derrotado. Camilo avanzando, y nosotros íbamos inmediatamente a apoyarlo.
 
Ocurrió sencillamente que... Mire: la historia de estos dos años de lucha es la historia de una serie de errores por parte de nuestros enemigos, de subestimar al adversario. Esta gente subestimaron al pueblo de Cuba y subestimaron a los rebeldes muchas veces, y los volvieron a subestimar a última hora. Ellos creían que le iban a tomar el pelo al pueblo, y se encontraron que salió mucho más fortalecida la Revolución con la traición que sin la traición. No sé si este hombre pensó que nosotros nos íbamos a cruzar de brazos. Apenas se tomaron las disposiciones necesarias para superar aquella situación, y antes de las 10 horas estaba dominada por completo.
 
Se ha producido un hecho extraordinario en Cuba. Yo muchas veces pensaba que la Revolución habría que hacerla en dos etapas, que en una primera etapa se conseguiría una parte de la victoria y que después habría nuevos choques; pero se ha hecho la Revolución de una sola vez. Se produjo el desarme total de todas las fuerzas adversarias en cuestión de horas. No se desarmó a las tropas que realmente nos brindaron su apoyo en aquel momento de confusión, y de ninguna manera... Además, yo cuento con esas tropas. Ayer yo tuve una reunión, me reuní con los 2 000 soldados que estaban en Bayamo, y el entusiasmo de aquellos soldados era igualito que el que usted ve en las multitudes; entre otras cosas, porque los dejaron abandonados a su suerte, los dejaron abandonados a merced de nosotros en cierto sentido, ¿verdad? A ellos les favoreció la circunstancia de habernos apoyado, y eso los hizo para nosotros acreedores de todas las consideraciones. Y posteriormente, gente joven, oficiales de carrera que están allí, han demostrado una adhesión tan grande, que yo tengo en esa tropa una absoluta confianza.
 
En Bayamo tenemos 14 compañías y en Santiago de Cuba tenemos también una tropa numerosísima. Actualmente contamos, en pie de guerra y en disposición de combatir —aunque por suerte, no hay que combatir contra nadie— con 30 compañías del ejército, y yo pienso llevar varias unidades del ejército, porque...
 
Periodista.- ¿Llevarlas en su viaje a La Habana?
 
Fidel Castro.- Sí. Mire: yo me voy a comunicar inmediatamente con el Puesto de Mando de Bayamo para decirles que manden las 14 compañías, porque casi todos son de la capital, tienen muchos deseos de ver a los familiares, y además yo quiero que se identifiquen con el pueblo. Únicamente haciendo contacto con el pueblo es como realmente se produce en los hombres un cambio y se les crea un fervor, un sentido de la lealtad hacia el pueblo representado. Quien ve a ese pueblo... No del ejército, el personal técnico del ejército va con nosotros y van en nuestra columna. Entonces, yo voy a mandar a trasladar, para que nos alcancen en la marcha, algunas compañías de la Marina y las compañías que están acampadas en Bayamo nos hacen falta y vale la pena, con aquellos hombres, realizar una tarea de superación porque hay un material humano muy bueno.
 
Periodista.- A propósito de eso, Comandante...
 
Fidel Castro.- Entonces, yo los voy a mandar a buscar, porque, como yo les he dicho a ellos, aquí no ha habido vencidos, sino vencedores, exclusivamente, porque ha triunfado el pueblo...
 
Periodista.- El pueblo, sin duda.
 
Fidel Castro.- Yo no quiero que entren solamente... Si tenemos que vivir en paz todos, si es un deber nuestro como revolucionarios escoger a los militares que valgan, que tengan calidad humana, para hacer el nuevo ejército de la republica, pues no debemos entrar solos en La Habana, si los militares nos secundaron en ese momento, que era duro, cuando unos militares nos traicionaban ellos nos secundaban, es correcto que entremos en La Habana también no solo los rebeldes, sino que entren algunas compañías del ejército, armadas.
 
Periodista.- Y allí serán recibidos jubilosamente.
 
Fidel Castro.- ¡Armadas! Y que entren algunas compañías de la Marina armada también. Porque yo les tengo absoluta confianza a esos hombres.
 
Periodista.- Cuando usted entre en La Habana, se propone ir a Palacio, a Columbia o al Cuartel de la...
 
Fidel Castro.- No, mire, de Palacio nada, porque de Palacio nadie ha estado pensando aquí nunca en eso.
 
Periodista.- ¿Usted seguirá a Columbia?
 
Fidel Castro.- Bueno, la idea es reunirnos en Columbia el pueblo con los rebeldes y con los militares, porque el movimiento que se hizo en Santiago fue un movimiento de revolucionarios, de militares y de pueblo. Esa es la Revolución que queríamos y que nosotros predicábamos, y muchas veces... constantemente les hablábamos a los militares.
 
Periodista.- Entonces va a invitar al pueblo a que vaya ese día a Columbia, al campamento de Columbia a asistir a...
 
Fidel Castro.- Vamos a invitar al pueblo a que acuda en masa a Columbia, a recibir allí tanto a los combatientes orientales como a los soldados que se unieron, los soldados revolucionarios y los marineros revolucionarios. Y reunir a los militares con el pueblo, porque desde ahora en adelante, y para siempre, serán los institutos armados instituciones al servicio del pueblo.
 
La tiranía nos tenía aislados a los militares y al civil. Un civil desarmado, sin técnica y sin conocimiento militar de ninguna índole, estaba a merced de cualquier pandillita que se apoderara de los mandos, y el militar, pues, suele obedecer las órdenes. Y hay que identificar al militar con el pueblo; se acabaron las diferencias, eso lo único que nos crea es un espíritu de casta y un desprecio de unos para otros.
 
Periodista.- Es el pueblo mismo...
 
Fidel Castro.- Y nosotros, la misión de nosotros es... La Revolución hay primero que garantizarla con el control de los instrumentos que son necesarios para apoyar al Gobierno Revolucionario.
 
Periodista.- Y los planes inmediatos de reconstrucción y de democratización.
 
Fidel Castro.- Lo segundo: crear bases permanentes para los institutos armados de la república, de identificación permanente con el pueblo. Nosotros podemos hacer mucho para que esa identificación se produzca. Y convertir los institutos armados en verdaderos modelos de instituciones, antes que nada, al servicio de la patria, de la Constitución y de los derechos del pueblo. Creo que podemos hacer mucho, porque lo hemos demostrado; porque nuestro ejército, el Ejército Rebelde, es un ejército donde jamás se golpeó a un prisionero, se insultó a un prisionero, ni se asesinó a un prisionero. Y eso se les ha podido enseñar a los hombres que en cambio veían que les asesinaban a sus compañeros y se los torturaban. Eso se le puede enseñar a todo el ejército, y yo le pido al pueblo que nos ayude.
 
Yo, realmente, deseo hacer en este momento muchas cosas, porque tengo muchos compromisos. Sobre todo, lo tengo con los campesinos, con aquella gente que sufrió la peor parte de la guerra, y me ha tocado la tarea, en estos momentos, de ocuparme de las cuestiones relativas a los institutos armados. Usted sabe que ye soy abogado.
 
Periodista.- Lo sé, cómo no. ¡Y brillante!
 
Fidel Castro.- No, no, no brillante.
 
Periodista.- De notas sobresalientes. Tuvo un expediente sobresaliente.
 
Fidel Castro.- No soy militar de profesión. Yo no sabía que yo iba a tener que ocuparme en estos momentos...
 
Periodista.- ¿Todos esos conocimientos militares los adquirió usted en la propia Sierra Maestra, en la propia lucha?
 
Fidel Castro.- Desde luego. Mire, yo creo que todo hombre es guerrero, eso debe venirnos algo por nuestros antepasados, que vivían peleando siempre. Y la guerra es mucho de astucia, de sentido común, de agilidad mental, bueno, de una serie de cosas. Y nosotros tenemos formidables comandantes, y ninguno estudió en ninguna academia militar. Yo le aseguro que, cuando yo le dije a Camilo que tomara Columbia, estaba seguro de que la tomaba, y al Che que tomara la Cabaña, estaba seguro. No la tomaron, naturalmente; allí no se combatió por fortuna, pero la tomaban.
 
Periodista.- Igual que habían tomado otros pueblos ya anteriormente.
 
Fidel Castro.- Mire, hubo algunos que me dijeron: “eso es una locura mandar esas columnas por Camagüey”. Yo dije: “no”. La gente creían que las columnas eran inmensas, y las columnas... la de Camilo tenía 82 hombres y la del Che tenía 110. Al Che le dimos la bazuca, a Camilo le dimos todos los Garands, casi toda su tropa iba con las mejores armas. Porque yo inmediatamente distribuí las fuerzas pensando en este plan, en este momento, y mandé a Camilo y al Che, que eran de nuestros mejores comandantes.
 
Yo siempre, cada vez que tenía un comandante en la Sierra Maestra, o algunos oficiales más capacitados, los tenía que mandar fuera, y tenía que empezar a enseñar otra vez a otra serie de gente. Y nuestra gente aprendía combatiendo.
 
Periodista.- Esa era la academia de la Sierra.
 
Fidel Castro.- Porque de la Columna Uno salieron todas las demás columnas, y hasta que al final yo dije: “bueno...” Yo salí de La Plata con 16 hombres, pocos días después de las elecciones, y ya estábamos en Santiago con cerca de 1 000 hombres. Yo dije: “esta vez ya la Columna no la divido mas, no la divido más”. Porque, bueno, ya habían cambiado también las circunstancias y lo que había que hacer era avanzar, hacer operaciones grandes. Nosotros, después de la ofensiva, terminamos con 800 armas; pero inmediatamente nos lanzamos en una serie de direcciones. Yo tengo los mapas donde se hicieron todos los planes, que se realizaron a cabalidad, pero a cabalidad, con toda exactitud.
 
Yo decía que todo hombre es un guerrero nato, y por eso se explica que nosotros hayamos hecho la guerra. Además, lo vuelvo a repetir: porque no nos quedó otro remedio, ¿qué íbamos a hacer? Un día Tabernilla dijo que nosotros éramos 12. Era verdad; ese día que lo dijo éramos 12. Y que a nosotros no nos quedaba otra alternativa que rendirnos o escaparnos, si es que podíamos. Nosotros ni nos íbamos a rendir, ni íbamos a escapar tampoco, porque para escaparse nos sobraba tiempo, y nunca en nosotros existió el ánimo ni de rendirnos ni de irnos. Entonces, ¿qué alternativa nos quedaba? Ganar la guerra. Bueno, pues eso es lo que hemos hecho; lo hemos hecho porque no teníamos otra alternativa que esa.
 
Periodista.- Consolidado ya el triunfo revolucionario, Comandante...
 
Fidel Castro.- Bueno, yo decía que me tengo que ocupar de algo que no es mi oficio.
 
Periodista.- Del campesinado hablaba usted preferentemente.
 
Fidel Castro.- Yo puedo hacer muy poco. Le quiero decir que tengo que conformarme con hacer poco, por distintas razones. Primero, porque ya solamente la tarea relacionada con la reorganización, la reestructuración y el establecimiento sobre bases realmente democráticas de los institutos armados de la república, ya es una tarea; aunque estamos trabajando en eso y ya se están realizando desde este momento una serie de actividades en ese sentido, y va a marchar perfectamente bien rápido. Pero tengo obligaciones muy grandes sobre todo con los campesinos, obligaciones inmediatas.
 
Yo no quisiera que se olvidaran de ninguna manera de aquella gente. Y yo recuerdo que muchas veces, cuando yo pasaba por aquellos lugares la gente decía: “y después que se vayan, que a lo mejor no se acuerdan de nosotros”, porque han estado muy acostumbrados a que se olviden. Y, yo, sinceramente, siento un profundo cariño por aquella gente, y yo pienso dedicar una gran parte del tiempo a hacer lo que esté a mi alcance, incluso empleando a los mismos combatientes en una serie de trabajos allí, empleando al pueblo, brindándoles maquinarias, una serie de cosas que yo les pediré a los compañeros que estén en los ministerios correspondientes, les pediré que colaboren. Es lo que yo puedo hacer, porque déjeme decirle desde ahora que yo tengo el más firme y decidido propósito de subordinar enteramente mi autoridad y mi influencia al presidente legítimo de la república, y que en todo absolutamente yo seré un subordinado del poder civil, porque eso es lo que hemos estado predicando y eso es lo que necesita el país. Entonces, por lo tanto, lo que puedo hacer es poco. Pero yo sé que los compañeros que haya elegido el Presidente para trabajar están poseídos del mayor deseo de trabajar. Al mismo tiempo que me encargue de las tareas inmediatas que se me han encomendado, yo haré lo que pueda también, en cuanto esté al alcance de mis manos, por cumplir algunas cosas que son inmediatas.
 
Yo no quiero, incluso, estar muchos días en La Habana sin ir a la Sierra Maestra, a reunir a los campesinos de la Sierra Maestra, porque yo tengo que reunir a los campesinos de la Sierra Maestra. Se han reunido los ciudadanos, nuestros compatriotas de Bayamo, de Palma Soriano, de Santiago de Cuba, de todos los pueblos.
 
Periodista.- Y lo hará sucesivamente en todas las provincias.
 
Fidel Castro.- Nos reuniremos en La Habana. Pero yo tengo que ir a reunirme con los campesinos de la Sierra Maestra y reunir allí a miles y miles de campesinos, sin bombardeo, sin hambre, sin cerco, porque sé que para ellos será una gran esperanza el saber que nosotros nos acordamos de ellos. Y créame que yo estoy obligado con la nación entera, y estoy obligado con todos mis compatriotas, pero me siento también muy obligado con aquellos hombres que nos ayudaron a hacer...
 
Periodista.- La nación está llena de esperanza y de júbilo, confiada en la labor patriótica que ustedes han de realizar, a la que le está prestando todo el pueblo la más amplia y decidida cooperación.
 
Fidel Castro.- Sé que vamos a tener éxito, aunque sea dura la jornada que tenemos delante. Sé que vamos a tener éxito, porque se han hecho hombres revolucionarios. Si nosotros hubiéramos triunfado al otro día del desembarco, aquí no podía haber revolución, porque no había valores humanos. Y la Revolución y la lucha han sido una escuela extraordinaria, donde han surgido una cantidad fabulosa de valores, de hombres de un temple y de una capacidad a toda prueba en los que se puede confiar.
 
Mire, yo estoy tranquilo. La gente me dice que me cuide, que cuidado con los francotiradores que andan por los pueblos, que si me pasara algo sería un problema. Yo estoy completamente seguro, pero absolutamente seguro de que aquí nadie es imprescindible. Se lo digo con toda franqueza, porque conozco los hombres que tiene la Revolución y lo unidos que están dentro de nuestro Movimiento. Sé que aquí nadie es imprescindible. A mí lo mismo me pueden poner a hacer un trabajo determinado, que me pueden decir que descanse un mes, que me pueden decir que me vaya de viaje por Europa, o a cualquier otro lugar. Y no hago ninguna falta, estoy seguro de que marcha todo bien.
 
Cuando yo dejo, por ejemplo, aquí a un comandante en Camagüey y lo encargo de determinadas actividades, o dejo, por ejemplo, a Raúl en Santiago de Cuba, yo sé. Como los he visto, cuando los mandé para el Segundo Frente, la tarea que desarrollaron allí; cuando mandamos al comandante Ernesto Guevara para Las Villas; la tarea que desarrollaron allí. Solos ellos resolvían los problemas; tenían unas instrucciones generales, pero todas las demás cosas las hacían ellos. Las actividades que realizaron nuestros comandantes dondequiera que hubimos de mandarlos, han probado tal capacidad, que yo no tengo que estar presente. Ellos saben lo que hay que hacer...
 
Periodista.- Hay identificación con sus principios y con sus procedimientos.
 
Fidel Castro.- Absoluta. Mire, usted tiene que ver que, por ejemplo, quedamos del Granma unos 10 o 12 compañeros.
 
Todos, actualmente, son comandantes del Ejército Rebelde, y serán comandantes también del nuevo ejército de la república, del nuevo ejército que será de los revolucionarios y los militares honorables. Calcule usted, desde México, todo lo que hemos vivido juntos. Casi es imposible que no nos entendamos. Fuimos los que quedamos, y hay una identificación tan completa que...
 
Periodista.- De todos es sabido, Comandante, que muchos de los expedicionarios del Granma no pudieron sobrevivir para ver la victoria. ¿Cuántos fueron los muertos del Granma?
 
Fidel Castro.- Mire, realmente, en combate murieron unos cuatro compañeros. Lo demás, fue lo de siempre. Había que quitarles también a los revolucionarios una idea de la mente; existía ese pesimismo, ese fatalismo... Cuando se sufría un revés, pues había muchos siempre... pasó en el Moncada, y paso después también. Algunos compañeros, con su fatalismo, creían que era imposible toda lucha y trataban de marcharse, entregaban las armas y algunos se presentaban. El resultado fue que, cuantos compañeros hicieron prisioneros en los primeros momentos, los asesinaron a todos, y asesinaron unos 35 o 40.
 
Hay que hacer un cálculo de las listas, porque al principio era muy difícil saber quién había podido salir y quién no. Pero asesinaron a unos 35 compañeros; murieron unos cuatro en combate, y algunos que cayeron en emboscadas. Los sobrevivientes seremos aproximadamente un 50%. Y de los que continuamos luchando han caído algunos también. De unos 14, murió el compañero Ciro Redondo, el compañero Julito Díaz, y por último murió el compañero Horacio Rodríguez. Voy a tener que volver... Constantemente estamos revisando los que quedamos del Moncada, después los que quedamos del Granma, y somos de 10 a 12 en este momento.
 
Periodista.- Bueno, Comandante, no le robamos más tiempo, porque sabemos que a usted le esperan tareas urgentes.
 
Fidel Castro.- Bueno, yo quiero aprovechar la ocasión para darle las gracias a la empresa CMQ. Todas han desarrollado una tarea extraordinaria. Cuando yo vi que las estaciones estaban al aire el lunes, dije: “bueno, ya no es posible que haya fracaso de ninguna clase”.
 
Periodista.- Y en cadena con las estaciones rebeldes. Era la consolidación del triunfo.
 
Fidel Castro.- Aquello era increíble. Yo sabía... Fue decisivo el apoyo de las plantas radiales en la batalla última que se libró y la última victoria, y la más grande victoria. No fue una victoria del Ejercito Rebelde solo; fue una victoria del honesto soldado, de los trabajadores, de las clases vivas, del pueblo entero, y muy especialmente, de la prensa radial y televisada. Tengo, sinceramente, que darles las gracias y reconocer lo que han hecho; darles las gracias en nombre del pueblo...
 
Periodista.- Del pueblo, que es el triunfador.
 
Fidel Castro.- Darles las gracias en nombre de ustedes mismos.
 
Periodista.- Comandante, una pregunta para terminar, para los periódicos terrestres. Los periodistas están dispuestos a brindarle toda su cooperación, porque es la cooperación a la Revolución que el pueblo tanto anhelaba y que usted ha sido capaz de llevar a cabo. Consumada ya la Revolución que, como repito, era un anhelo del pueblo, y que ha sido posible gracias al sacrificio de todos sus hombres y del pueblo también en gran parte, en el aspecto económico preocupa evidentemente al pueblo, por ejemplo, de inmediato las cuestiones de la zafra. ¿De inmediato va a haber una atención preferente a esa cuestión?
 
Fidel Castro.-
Yo observo una actividad febril en todos los órdenes económicos, instalando las vías de comunicación rápidamente, poniendo... Eso es consecuencia del optimismo que hay en el país (Interrupción)... para lo que yo no tengo calma es cuando la cosa se pone... que nos quieren dar la mala (Risas).
 
Periodista.- Usted decía hace un momento, Comandante, que cuando escuchaba la cadena de radio y televisión en la que están CMQ, Radio Reloj y todas las demás estaciones del país, usted se sentía seguro del triunfo, porque el pueblo estaba escuchando ya todas las directrices y todas las orientaciones finales de la lucha...
 
Fidel Castro.- Sí, sí... Por ejemplo, cuando yo vi... Por una serie de circunstancias comprendí que todas las ventajas estaban en ese momento de parte nuestra, que la traición se iba a convertir precisamente en la destrucción de aquellos intereses que querían salvarse.
 
Cuando yo oí las estaciones en el aire, de repente el pueblo en la calle y las estaciones hablando libremente, comprendí que estaba totalmente derrocado el régimen, que la Revolución triunfaba totalmente. Era lo que hacía falta. Y el servicio prestado por las radioemisoras fue extraordinariamente útil en la batalla final, que fue la última victoria de la Revolución; una victoria, como le decía yo, en que habían participado no solo los combatientes, sino también el pueblo, los trabajadores, las clases vivas, la prensa. Y aquello fue decisivo. Tengo que reconocer y tengo que expresarles mi reconocimiento a todas las plantas, prestaron un servicio valiosísimo, decisivo.
 
Periodista.- A propósito de eso: al terminar ya la huelga termina totalmente la cosa de censura de prensa, no hay nada de eso, libertad absoluta de información, ¿verdad?
 
Fidel Castro.- Precisamente. Yo sé que el pueblo estaría sufriendo las consecuencias de la huelga, y es absurdo que nosotros no nos preocupáramos por el pueblo. Todo el mundo estaba muy preocupado. Yo tuve una entrevista con Camilo ayer en horas de la madrugada, y estaba esperando el resultado de las instrucciones que se le dieron de que asumiera el control sencillamente de todos los mandos, y estaba esperando la respuesta de él, que ya he recibido por distintas vías: la confirmación de que están totalmente controladas por los mandos revolucionarios todas las instalaciones militares del país; entonces, ya el doctor Urrutia tomó posesión ayer...
 
Periodista.- Se constituyó el Gabinete...
 
Fidel Castro.- Ha triunfado plenamente la Revolución, y esta misma tarde... Yo estoy impaciente porque ustedes comuniquen la noticia a los trabajadores y a los líderes obreros: nuestra solicitud de que cese la huelga inmediatamente y que ya el pueblo pueda hoy plenamente disfrutar de la alegría del triunfo.
 
Periodista.- Esa es una gran noticia y, además, la de que usted va el miércoles para La Habana, donde será recibido también apoteósicamente, como en todos los lugares.
 
Fidel Castro.- Mire, quiero quedar bien, hasta ahora he quedado bien, he dicho: “tal día”, y tal día.
 
Cuando dije una vez que en el año 1956 vendría...
 
Periodista.- Efectivamente, vino.
 
Fidel Castro.- Sí. Cuando dije aquella vez que si dentro de dos semanas no renunciaba Batista veníamos a Cuba, llegamos, el mismo día. Así que creo que tengo palabra. Pero, mire, en ninguna otra ocasión es más difícil asegurar que llego el miércoles. Creo que llego el miércoles.
 
Periodista.- Bueno, si no es el miércoles, el jueves.
 
Fidel Castro.- Porque si bien las dictaduras no pueden resistir a nadie, al pueblo no hay quien lo pueda resistir, ¿comprende? Y el pueblo está en el camino y tengo que atenderlo. Esta vez no puedo asegurar nada, no puedo asegurar el día, porque está el pueblo de por medio.
 
Yo sí espero que, con la colaboración del pueblo, llegamos el miércoles a La Habana. Deben comprender, además, que todos nuestros hombres están haciendo un esfuerzo extraordinario; van en camiones, no hay comodidades, horas y horas caminando lentamente, parados; y todos nosotros llevamos días y días que no dormimos, creo que hemos aprendido a no dormir.
 
Periodista.- Han aprendido una cosa extraordinaria (Risas).
 
Fidel Castro.- Y tenemos, más que deseo, necesidad de descansar. Sé que no vamos a descansar, además de eso. Yo, por lo menos, sé que no voy a poder descansar.
 
Periodista.- En La Habana no va a poder descansar en esos días, seguramente, porque allí las demostraciones de júbilo van a ser iguales que en todos los lugares...
 
Fidel Castro.- Pero por lo menos tengo la esperanza de que nuestros hombres descansen. Comprenderá, además, la alegría con que van para La Habana, porque casi todos son guajiros de la Sierra Maestra, casi todos son guajiros de la Sierra Maestra los que van; y ven La Habana casi como la culminación de aquellos sueños, ¿verdad? Y van con un entusiasmo... Por eso resisten lo que resisten, van amontonados en los camiones, van incómodos y ninguno se queja. Y, además, cuesta un trabajo tremendo mantener la marcha, el orden de la columna, todo, porque se meten máquinas por dondequiera, se mete el pueblo por dondequiera, y yo digo que menos mal que no tenemos que combatir, porque el caso iba a ser que había que pedir que dispararan con mortero e iba a disparar un “flash” un periodista (Risas). Ya yo no sé si el que tengo al lado es militar, si es rebelde, si es periodista o si es el que maneja el cañón, el tanque, no sé. Es una mezcla tremenda la que llevamos ahí...
 
Periodista.- De todo el pueblo, cooperando con esta Revolución.
 
Fidel Castro.- Desde luego, naturalmente, con muchísimo gusto ayudamos a los periodistas.
 
Periodista.- A propósito de eso, usted sabe que nosotros necesitamos que nos gestionen aquí un avión para regresar inmediatamente a La Habana para llevar las noticias estas para CMQ y para Radio Reloj y todas las estaciones, de manera que dé órdenes aquí a sus comandantes, a sus amigos, para que nos faciliten el avión ese...
 
Fidel Castro.-
Mire, déjeme decirle: todos nosotros, honradamente, siendo hombres que no nos mueve ni la ambición, ni la doblez, ni el engaño, sabemos que contamos de antemano con el respaldo de la prensa, y hemos luchado porque nunca más vuelva a existir la censura en Cuba, y no volverá a existir la censura. Luego, lo que hagamos por la prensa, no se podrá entender como que tenga por objeto conquistar a la prensa, la prensa está con la Revolución.
 
Periodista.- Desde luego...
 
Fidel Castro.- Ahora, siempre, en la Sierra Maestra, en todas partes y en todas circunstancias, los periodistas tanto cubanos como extranjeros han recibido la mayor atención de nosotros, y la seguirán teniendo. Todas las facilidades, porque estamos conscientes de lo que pueden los periodistas ayudarnos en la tarea revolucionaria. Nos han ayudado a obtener el triunfo; ahora tienen que ayudarnos en la parte más difícil, que es en la paz; hacer lo que se debe hacer y que también llevará tiempo y que tiene muchas dificultades. Es necesario que, teniendo en cuenta las buenas intenciones de los revolucionarios, nos ayuden.
 
Nosotros también los ayudaremos. Primero, defendiendo esa libertad con nuestra sangre, con nuestras vidas; y luego, brindándoles todas las facilidades en todas las circunstancias para que informe al pueblo. No le haremos con ello un favor a la prensa, le haremos un favor al pueblo, que se interesa por todas las cosas y que lo que quiere es estar orientado. Este es un pueblo tan inteligente y tan despierto, que lo que necesita nada más es tener la noticia de lo que pasa; las conclusiones las hace él.
 
Periodista.- Efectivamente, inteligentemente.
 
Bueno, no le robamos más tiempo, que a usted le esperan urgentes tareas que realizar. Mucho éxito, y nos veremos en La Habana.
 
Fidel Castro.- Salude a sus compañeros en la CMQ, y aparte de nuestra gratitud expresada a todas las radioemisoras, también especialmente en este caso quiero —ya que se trata de un programa de CMQ— darles las gracias a la empresa y a los empleados por todo lo que han hecho.
 
Periodista.- Nosotros le agradecemos su gentileza de dedicarnos estos minutos.
 
Muchas gracias, Comandante.

Lugar: 

Provincia de Camagüey

Fecha: 

04/01/1959