Letters and Messages

De Ana Fidelia Quirot (1995)

Querido Fidel:

Queridos compañeros:

No quiero que la emoción me traicione y decidí escribir unas breves líneas. Para mí es más fácil correr los 800 metros, incluso frente a la Mutola, que hablar en un acto tan emocionante.

He sentido muy hondo el cariño, el amor y la solidaridad de todo un pueblo que está plenamente identificado con alguien que sólo ha tratado de estar a la altura de su ejemplo y de su lucha por salir adelante. Mi trayectoria deportiva todos la conocen. He tenido dos etapas trascendentales: antes y después del accidente. Este último ha sido el que más me ha enseñado como mujer y como deportista, el que ha puesto a prueba el deseo de volver a ser la de antes, la lucha por superarse a uno mismo y demostrar que todo es posible cuando se le pone el corazón a lo que hacemos. Los resultados deportivos que he logrado en estos últimos meses no son distintos a las hazañas laborables que día a día, en condiciones mucho más difíciles, realizan nuestros trabajadores.

Soy consciente de que lo que he logrado deportivamente sólo ha sido posible porque tenemos una Revolución, porque en Cuba existe el socialismo, que nos da la posibilidad de desarrollarnos plenamente como deportistas, y sobre todo, como seres humanos, dignos y libres.

Si se hubiera organizado una competencia para atender a un lesionado los médicos, las enfermeras, los psicólogos y el resto del personal que me atendió seguro hubieran alcanzado la medalla de oro. Por eso la victoria lograda en el pasado Campeonato Mundial es también la victoria de la medicina cubana, la victoria de un pueblo que no se deja vencer frente a las dificultades, la victoria de las ideas y los principios.

¿Qué puedo decirles un día como hoy? Que recibo este homenaje con la mayor humildad y el más profundo agradecimiento. Gracias a la Revolución pude hacerme deportista, gracias a la Revolución y su generosidad puede sobreponerme al accidente, gracias a Fidel y sus atenciones pude competir y ganar, gracias a la solidaridad y el apoyo del pueblo recibí el suficiente estímulo y aliento para luchar y vencer.

A todos gracias y lo que es obligado decir cuando se tiene una deuda tan grande: Por el pueblo, por Cuba, y por Fidel me mantendré en la batalla, lucharé por continuar siendo digna de este cariño y de este amor que vale más que todas las medallas del mundo.

Mil Gracias. Quisiera simbólicamente premiar al pueblo de Cuba, lo haré entregándole la medalla de Campeón Mundial al más digno representante de nuestro pueblo, al querido Fidel.

15/09/1995